Memoria

Ilustración: Luis Galdámez
Recogiendo cadáveres
Miguel Ángel Chinchilla *
Marzo 6, 2026
Miguel Ángel Chinchilla reúne en su obra, Recogiendo cadáveres, fragmentos de las vidas de monseñor Óscar Arnulfo Romero y Roberto D’Aubuisson. Organizado en cuatro capítulos, la obra nos refiere al periodo entre 1943, un año después de la ordenación de Romero como sacerdote, hasta 1992, año en el que muriera el exmayor a causa del cáncer. Chinchilla presenta también al contexto social, político y eclesial que sirvió como trasfondo y enmarcó la realidad salvadoreña de esos años. Con el aval del autor publicamos de forma textual fragmentos de su obra correspondientes al cuarto capítulo del libro: «Hoy venimos por el tuyo».
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1983: El Mayor quiere ser presidente
Entre marzo y abril de 1983, en plena guerra, sucedieron tres hechos que conmovieron de manera extraordinaria el devenir de las cosas. El lunes 14 de marzo fue asesinada en una emboscada —de seguro perpetrada por los escuadrones—, la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, Marianela García Villas. Estaba en la lista de ANSESAL. El miércoles 6 de abril fue asesinada, en Managua, Mélida Anaya Montes, comandante Ana María, segunda al mando en las Fuerzas Populares de Liberación (FPL). Anaya Montes tenía 53 años. Fue asesinada de 82 puñaladas, pero no con puñal sino con picahielo. El autor intelectual fue Rogelio Bazzaglia, alias Marcelo, hombre de confianza de Cayetano Carpio, por lo cual acusaban al líder de estar involucrado en el crimen. Como consecuencia seis días después, el martes 12 de abril, se suicida el comandante Marcial, Salvador Cayetano Carpio, máximo jefe de las FPL, tenía 63 años. El suicidio fue como una catarsis política al interior de la organización guerrillera. Se mató Marcial con una pistola que le había regalado Manuel Antonio Noriega por medio del Chuchú Martínez en Panamá. «Se matan entre ellos», dijo el Mayor al respecto, su aniquilación total es cosa de días, aseguró totalmente desacertado. La guerra iba para largo.
Cuenta Marissa, hermana menor de Roberto, que por aquellos días, en una celebración familiar, el Mayor empoderado como presidente de la Asamblea, más ufano que nunca, dijo a voz alzada en referencia al magnicidio del arzobispo, que a quien haya matado a ese cura hijo de puta seguramente le harían un monumento. Estaba en lo cierto.
Los ochenta fueron años de angustia. Muchos se fueron, los que pudieron. Sobremorir en el país era cosa de milagro. Pasa que la mitad de este pueblo padece el síndrome de Estocolmo, si así no fuera, cómo explicar la empatía que la mitad de la población siente por los asesinos y opresores. El Mayor venía a ser por aquellos días el Clark Olofsson salvadoreño. En 1973 Olofsson había sido motivo para la creación del síndrome, tras seducir a los rehenes que mantenía secuestrados en el asalto a un banco en Suecia.
No obstante, el chele Roberto para los gringos era una especie de cancerbero, muy útil, pero en la retaguardia, como buen guardia. Por tanto, lo mantenían con dogal para evitar que llegara a donde no lo querían. Sin embargo, el Mayor era necio y en 1984 se postuló para presidente de la república, compitiendo contra el democristiano José Napoleón Duarte, a quien los gringos apoyaban abiertamente. Obviamente el chele Roberto resultó perdedor en aquella contienda, por una diferencia de 100 mil votos. Fue entonces cuando inició su debacle personal. El Mayor se divorció de su esposa, Yolanda Munguía, quien lo había apoyado tanto económica como políticamente para lograr lo que había logrado. Aquella separación provocó a la señora Munguía un derrame cerebral. Según se ha dicho, el Mayor dejó a Yolanda para casarse con la viuda de Julio Vega, Marta Luz Angulo, una antigua novia de la adolescencia. Vega, propietario de una fábrica de fertilizantes, era piloto y entre sus actividades clandestinas traficaba armas y drogas para los escuadrones de la muerte. Algunos sostienen que el Mayor mandó a eliminar a Vega para quedarse con su mujer. Lo cierto es que la depresión en aquel momento fue profunda, tanto que algunos fundadores del partido, amigos de los Munguía, se alejaron del Mayor por algún tiempo.
En otra ocasión, Gerardo Le Chevallier frente a cámaras le ofreció un jabón al Mayor para que se lavara la boca.
El Mayor era un tipo grosero y ofensivo sobre todo al estar frente a las cámaras. A Duarte le decía en público que era un loco. Eso provocaba la reacción de los democristianos, como Antonio Guevara Lacayo a quien Roberto le decía Toñito. Un día le dijo, mirá, Roberto ¿te puedo llamar Bob?, claro respondió el chele con sorna, tengo una novia que así me dice. Ah bueno, continuó Guevara, como vos me decís Toñito yo entonces te voy a decir Bobito, y luego de mirarse fijamente por un segundo se tiraron la carcajada. En otra ocasión, Gerardo Le Chevallier frente a cámaras le ofreció un jabón al Mayor para que se lavara la boca. Aquello era una chinaca de chistes bajeros en medio de la guerra. Parecía un guión a lo Chespirito, preparado especialmente para entretener a la gente. Mientras tanto el FMLN ocupaba cuarteles, asaltaba presas como la del Cerrón Grande, tomaba radioemisoras y derribaba helicópteros. En abril de 1983 el general José Guillermo García había sido obligado a renunciar como ministro de defensa por instigaciones del coronel Sigifredo Ochoa Pérez excompañero de tanda con el Mayor, y por el general Juan Rafael Bustillo. Ambos militares formaban parte del grupo mano dura que lideraba el Mayor. En lugar de García, designaron como ministro al general Eduardo Vides Casanova, que venía de dirigir la Guardia Nacional.
En marzo de 1984, la embajada gringa negó la visa al Mayor y uno de los motivos esgrimidos para la negativa fue que Roberto, meses antes, a manera de provocación, había entrado a Estados Unidos de forma ilegal, con tal desfachatez que hasta apareció en un programa de televisión en un canal de Washington, hasta que agentes de migración lo capturaron y lo deportaron. Entonces ¿quién era más loco, Duarte o el chele Roberto?
Una noche en uno de los salones de la asamblea legislativa, durante un evento oficial con tragos y botanas, el Mayor fue a orinar a los sanitarios ubicados al fondo de la crujía. De repente, vio que una sotana o algo como una sotana se metió al escusado, y por instinto, Roberto desenfundó la Browning que ahora cargaba en la sobaquera desde que usaba traje formal, pero al entrar al mingitorio con sigilo, no había nadie. Aquella visión le causó un estremecimiento desde el perineo hasta la silla turca, pasando por la muela que le andaba molestando desde hacía días, y cuyo dolor calmaba con enjuagues de whisky. Sin embargo, después de mear, sin lavarse las manos, el Mayor encendió el último cigarro del paquete que había abierto al mediodía. Sobre aquella visión de la sotana no hizo comentario alguno evitando las mofas y las burlas. Tiempo después, con el apoyo del congresista republicano Jesse Helms, en junio de aquel año, el Mayor finalmente obtuvo de nuevo una visa temporal para viajar a Estados Unidos de forma legal.

Recogiendo cadáveres
Miguel Ángel Chinchilla
A la venta en Librerías de la UCA
* Miguel Ángel Chinchilla es un poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y periodista salvadoreño nacido en 1956 es una de las figuras relevantes de las Letras en la segunda mitad del siglo XX. Co-fundador del desaparecido suplemento literario Los Cinco Negritos en Diario El Mundo y miembro del consejo de redacción de la revista Amate.
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