Memoria

El río El Jute fue uno de los escenarios de la masacre de El Higueral. Cada 14 de febrero la comunidad hace ofrendas a las víctimas.
44 años de impunidad de la masacre de El Higueral
Texto y fotografías: Iván Hernández Serrano*
Marzo 7, 2025
Durante el conflicto armado salvadoreño de la década de 1980 el departamento de Chalatenango fue uno de los más afectados con la persecución, asesinato, desaparición y masacres de población civil. Entre el 12 y el 18 de febrero de 1981 se ejecutó un operativo militar que culminó en una cruenta masacre en el río el Jute y la comunidad El Higueral, del entonces municipio de San Francisco Morazán.
De acuerdo a los registros testimoniales, la destrucción y matanza fue perpetrada por el Ejército y agentes paramilitares salvadoreños con el apoyo del Ejército de Honduras. Los sobrevivientes y testigos de la masacre recuerdan como la comunidad fue quemada, incluyendo personas y animales.
Fidencio Portillo, ahora de 85 años de edad, sobreviviente de la masacre, recuerda con lágrimas lo vivido durante esa dolorosa jornada: «Nos tocó salir en medio de la noche en esas grandes alturas. Salimos del río para arriba, toda la noche fue de caminar, el cerro estaba encendido y así nos tocó pasar en medio del fuego. El catorce de febrero ya estábamos cercados, el 15 ya estábamos el grupo que iba para Cañitas, fue una cuestión bastante dura para nosotros porque quedamos dispersos, unos por un lado y otros por otro, siempre con el temor de que podíamos caer en manos del Ejército». Recuerda que al entrar a la comunidad el aire se inundaba de un terrible olor que advertía el posterior encuentro de varios cadáveres.


En el acto conmemorativo se presentan vestimentas que simulan las que llevaban las víctimas: desde niños de apenas unos meses hasta ancianos.
Luis Recinos tenía 12 años el año que sucedió la masacre, cuando el Ejército cercó la comunidad y los cerros aledaños. Huyó río abajo con su familia hacia el pueblo de La Laguna. «Cuando pasamos por acá ya habían hecho una gran matazón de gente, míos murieron mi papá de 50 años, mi sobrina de 13, otro sobrino de 14 años, desde entonces decidí agarrar fusil», rememora Recinos, recordando su incorporación a la lucha armada.
En la masacre de El Higueral se contabilizan, aproximadamente, 200 víctimas entre hombres, mujeres y niños de distintas edades, de las cuales se han identificado plenamente 81. El registro de los nombres de las víctimas es un proceso aún inconcluso, de construcción testimonial y documental producto del propio esfuerzo de la comunidad.

Teófilo Córdova, de la Asociación Sumpul, presenta parte del listado de las víctimas de la masacre.

El reconocido Indio de Tejutla participa con el coro religioso en la conmemoración de los 44 años de la masacre de El Higueral.

Felipe Tobar, de la Asociación Sumpul, compartió melodías y una canción dedicada a las víctimas de la masacre de El Higueral.
Los Acuerdos de Paz firmados el 16 de enero de 1992, establecieron la creación de la Comisión de la Verdad para investigar los graves hechos de violencia ocurridos desde 1980 en el marco del conflicto armado salvadoreño, la cual documentó y publicó en su informe las prácticas atroces sistematizadas y las violaciones flagrantes a los derechos humanos.
Durante los testimonios registrados por la Comisión de la Verdad se incluyó el testimonio de un sobreviviente de la masacre de El Higueral en el que se narra el inicio del cruento suceso, haciendo constar que el 12 de febrero de 1981, comenzó el fuego de morteros sobre el cantón El Higueral. En las mismas fechas se produjo un desembarco de tropas del Ejército en San Francisco Morazán y municipios aledaños, en lo que se calcula la participación de ocho mil soldados de la Cuarta Brigada de Infantería, del Destacamento Militar número uno, de la Guardia Nacional y de las Defensas Civiles. El testigo también señala la participación de tropas del Ejército hondureño durante la incursión a El Higueral.
El testimonio ante la Comisión de la Verdad es desgarrador y evidencia la violencia y sadismo de los cuerpos represivos de ese momento; en uno de los muchos casos relatados el testigo expresa: «Otras cuatro personas intentaron huir por otra quebrada, pero los capturaron, a los primeros los mataron en el mismo lugar que los habían capturado a puro machete. A Tei Avelar, le abrieron el vientre y le sacaron el feto… entre los muertos había una muchacha de apellido Alvarenga de 15 años, como ella era discapacitada mental su madre no pudo llevarla en la huida, la encontraron empalada en un tronco luego de haberla violado».
Tras la masacre los habitantes de la zona fueron
obligados a desplazarse y vivir huyendo por las constantes incursiones militares.

Cada año los participantes realizan una caminata desde el río El Jute hasta el parque de la comunidad El Higueral.

Pablo Roberto Recinos (primer plano) es uno de los sobrevivientes de la masacre. Participa en las actividades junto a pobladores de otras localidades de Chalatenango.

Élida Caballero, junto a sus suegros María y Arturo, sobrevivientes de la masacre, recuerdan que tras la invasión del Ejército muchos pobladores huyeron a las montañas para salvar sus vidas.
Élida Caballero vivió esa lluvia de fuego y metralla a sus nueve años de edad. Luego de refugiarse, huyó con pobladores de la zona para salvar su vida. «Esta masacre fue bien triste porque no murieron personas armadas, solo murieron niños indefensos, madres, abuelos de una forma bien espantosa». Élida recuerda que las bombas caían desde los cerros aledaños.
Ese febrero de 1981, Rosa Alba Recinos, otra sobreviviente que entonces tenía 24 años de edad, recuerda cómo asesinaron a su tío con sus sobrinos y cómo sus padres posteriormente, en la guerra, tras andar huyendo en las montañas, murieron de hambre.

En la masacre de El Higueral se contabilizan, aproximadamente, 200 víctimas entre hombres, mujeres y niños de distintas edades, de las cuales se han identificado plenamente 81 gracias al esfuerzo de la propia comunidad.
Según la Asociación Memoria Histórica Sobreviviente El Salvador, otro aspecto desgarrador de la masacre fue «el secuestro de muchas niñas y niños por parte del Ejército, quienes fueron puestos en venta ilegalmente para adopciones desde el extranjero. Esta terrible realidad, que también se dio en otros lugares, llevó a la formación de la organización Pro-Búsqueda, que persiste hasta la actualidad y que ha luchado por esclarecer estos casos y brindar justicia a las víctimas».
Tras la masacre los habitantes de la zona fueron obligados a desplazarse y vivir huyendo de forma regular por las constantes incursiones militares hasta comenzar la gradual repoblación del cantón El Higueral a partir del 3 de marzo de 1988 con la llegada de seis familias, a pesar del imperante clima de represión en el país.

En la conmemoración de la masacre se juntan varias generaciones para conservar la memoria de su comunidad.
Desde el año 2010, cada 14 de febrero la comunidad El Higueral conmemora la masacre y rinde tributo a la memoria de las víctimas y sobrevivientes, los pobladores realizan actos rituales para fortalecer la memoria, así como una misa y participación testimonial de los sobrevivientes con el fin de mantener viva la memoria para las actuales y nuevas generaciones. Este esfuerzo dio inicio con el impulso del padre Rutilio Sánchez (padre Tilo), reconocido defensor de las comunidades de Chalatenango.

La comunidad celebra actos rituales para fortalecer la memoria, así como una misa y participación testimonial de los sobrevivientes.
Posteriormente la conmemoración fue retomada por la comunidad y se han sumado a este esfuerzo la Asociación Probusqueda, el Equipo Maíz y el grupo de memoria histórica compuesto por la Asociación Sumpul, CCR CRIPDES y Asociación Memoria Histórica Sobreviviente El Salvador, entre otros.
Han transcurrido 44 años y la masacre de El Higueral no ha sido investigada por el Estado Salvadoreño, a pesar de la derogación de la Ley de Amnistía que limitaba a juzgar los crímenes de la guerra civil salvadoreña, sumada de la evidencia ante la Comisión de la Verdad y los abundantes testimonios de los sobrevivientes.
Las víctimas y sobrevivientes de la masacre aún esperan por justicia y reparación, mientras tanto construyen un proceso de fortalecimiento de su memoria histórica para que estos hechos dolorosos no queden en el olvido y no vuelvan a repetirse.

La comunidad El Higueral se encuentra enclavada en las montañas de San Francisco Morazán, Chalatenango. Durante el conflicto armado de los 80 fue una de las zonas más afectadas por la represión estatal.

El 14 de febrero de 1981 las aguas del río El Jute se mezclaron con la sangre de las víctimas inocentes. A 44 años del hecho los pobladores llenan con flores el cauce para recordar a sus víctimas.

Pinturas de cruces y velas decoran las rocas del río El Jute. Las aguas frescas de la montaña sirven para enjugar las lágrimas de los familiares de las víctimas y sobrevivientes de la masacre.
* Catedrático del Departamento de Periodismo, Facultad de Ciencias y Humanidades, Universidad de El Salvador UES
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