Cultura

Ilustración: Luis Galdámez
Y el verbo se hizo canto
Carlos Mejía Godoy
Marzo 21, 2025
Carlos Mejía Godoy, el talentoso cantautor que conocemos por Son tus perjúmenes mujer y Nicaragua, Nicaragüita, hoy en el exilio de su patria querida, nos comparte su libro Y el verbo se hizo canto. Memorias, en el que presenta 50 canciones «con diversos ritmos, sabores, colores y texturas». Hoy los invitamos a esta mesa servida con una de esas 50 canciones, su letra y una historia relacionada para el recuerdo.
***
Cuando yo la vide
Letra y música: Carlos Mejía Godoy
Cuando yo la vide
fue por la bajada de Gaspar Ventura
venía del río
con su tinajita fresca en la cintura
todo tembeleque
vi de refilón su linda pantorrilla
quedé cecereque
con el movimiento de su rabadilla.
Cuando yo la vide Dios mío qué embrollo
sentía el pellejo como carne pollo
al tenerla cerca me puse zurumbo
palabra de honor se me jueron los pulsos.
Sus dos ojos bellos
más que dos chispazos eran dos hogueras
tiraban destellos
como los relámpagos de Chinandega
Sólo al devisarlos
se me atravezó una cosa en el gaznate
porque eran brillantes
como la negrita pluma del zanate.
Cuando yo la vide…
Venía cantando
no sé qué tonada cuando yo la vide
pero al contemplarla
hasta la saliva se puso chirre
yo quise decirle
te llevo morena a los santos altares
pero fue imposible
pues me charchaleaban todo los ijares.
Cuando yo la vide…
***
Acababa de cumplir los diez años cuando terminé la Primaria en la Escuela de Ña Mercedes Alfaro, como llamábamos a nuestra emblemática profesora. Ella declaraba con orgullo, que se había quedado soltera, para poderse dedicar —con alma, vida y corazón— a la educación de los niños de Somoto. En ese entonces, mi mejor amigo y compañero de aventuras, era mi primo René Gutiérrez.
Encaramados en la casa de alto de doña Evelina de Huete, escuchábamos ingridos y envidiosos al primo Alfredo, que en sus vacaciones estudiaba piano, bajo la tutela de la tía Nina. En el cuarto contiguo, estaba la inmensa biblioteca del entonces capitán Álvaro Pallais Sacasa, nuestro tío político, que devoraba con la misma compulsión una obra de Stevenson, Verne o Balzac, como una novelita de Marcial Lafuente Estefanía o un paquín del Pato Donald. En esa biblioteca descubrimos las preciosas vedettes cubanas, que, con sus curvas inquietantes, llenaban las páginas de Bohemia y Carteles, famosas revistas cubanas en las que escribía su columna cultural Alejo Carpentier.
A diferencia de los chigüines de nuestra generación, René y yo no teníamos afición por las canciones de moda, sino que —a pesar de nuestra corta edad— éramos diletantes de la música clásica. Sabíamos de memoria fragmentos de la Quinta Sinfonía de Bethoven; El lago de los cisnes, de Tchaikovsky; Sherezade, de Rimsky Korsakov; las polonesas de Chopin y la Rapsodia Húngara N.º 2. De Liszt. En ese entonces, René rascaba la guitarra y yo descubría el sonido natural del granadillo y el coyote, en las teclas de las marimbas que, con verdadera devoción, construía nuestro padre Chas Mejía.
Una mañana dominical, después de asistir a misa y saludar a la bisabuela mamá Josefina, René llegó sudoroso a mi casa:
—¡Carluchín, corré! Leandro Torres está tocando mazurcas en la acera de la Chepita Valle.
—¿Quién es Leandro Torres? —indagué.
—Es el mandador de la finca de mi papá. Apurate, que sólo toca guitarra cuando está bolo.
Y, efectivamente, en la esquina de chaflán, frente a mi casa, estaba el campesino rodeado de curiosos, luciendo un sombrero de palma y polainas, como las que usaba Sandino. Felices, gozando el bordoneyo de la música campesina, mi primo y yo recibimos el primer contacto con aquellas melodías que nada tenían que ver con los sones del Pacífico, que llegaban en aquellos discos de pizarra, luego desplazados por los modernos LP, de mediados de los 50.
Aquellas polkas, valses y mazurcas, ejecutadas por Leandro Torres y Mundo Sandoval, fueron mi referente esencial para empezar a componer las primeras canciones segovianas. Años después, leyendo el libro El habla nicaragüense, de mi amigo y mentor Carlos Mántica Abaunza, empecé a garrapatear las notas de mi primera mazurquita sobaqueada.

«Y el verbo se hizo canto»
Carlos Mejía Godoy
Puede encontrarlo a la venta en www.amazon.comhttps://www.amazon.com/-/es/verbo-hizo-canto-Memorias-Spanish/dp/B0C2SG4Q1L
Carlos Mejía Godoy y su esposa Xochitl Jiménez perdieron su casa y la mayoría de sus pertenencias por un incendio hace pocos días en Estados Unidos. Quienes quieran contribuir a la recolección de fondos para ayudarles, pueden hacerlo en este enlace:
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