Memoria

Ilustración: Luis Galdámez
Recogiendo cadáveres
Miguel Ángel Chinchilla *
Marzo 6, 2026
Miguel Ángel Chinchilla reúne en su obra, Recogiendo cadáveres, fragmentos de las vidas de monseñor Óscar Arnulfo Romero y Roberto D’Aubuisson. Organizado en cuatro capítulos, la obra nos refiere al periodo entre 1943, un año después de la ordenación de Romero como sacerdote, hasta 1992, año en el que muriera el exmayor a causa del cáncer. Chinchilla presenta también al contexto social, político y eclesial que sirvió como trasfondo y enmarcó la realidad salvadoreña de esos años. Con el aval del autor publicamos de forma textual fragmentos de su obra correspondientes al cuarto capítulo del libro: «Hoy venimos por el tuyo».
***
Domingo de Romero
Monseñor dijo a Salvador Barraza que el 30 de marzo, domingo de Ramos, quería que fuera un día inolvidable, quería ver transformada la pequeña ciudad de San Salvador en una Jerusalén. La tarima que deseaba también se construyó, pero fue para poner su catafalco, no el de Jesús. Ese domingo Jesús sí entró a San Salvador, pero sin burro, sin palmas, confundido entre la multitud. Más o menos 250 mil personas se apiñaban en la plaza para participar en las exequias del amado y valiente pastor, ahora mártir. Las organizaciones habían colgado mantas con mensajes que manifestaban su repudio por los obispos Revelo y Aparicio, y también por el nuncio, traidores decían, no queremos aquí escribas ni fariseos.
Un cuarto de millón de personas, treinta obispos, trescientos sacerdotes, un mar de cristianos inundaba la plaza Barrios y calles aledañas durante las exequias de Monseñor. Entre los prelados más conocidos que habían llegado al país, se menciona a: Gustavo Gutiérrez, teólogo peruano de la liberación; Miguel D´Escoto, obispo y canciller de Nicaragua; Samuel Ruiz, obispo de Chiapas; Eamon Casey, obispo de Irlanda; Ernesto Corripio Ahumada, arzobispo de México y enviado especial del Papa, así como también representantes ecuménicos de iglesias evangelistas como Ángel Vicente Peiró, del Consejo Mundial de Iglesias en Centro América. Era mediodía, el sol cenital ardía.
En eso entró a la plaza, de forma ordenada, una manifestación de la Coordinadora Revolucionaria de Masas, y sus representantes subieron las gradas de catedral para depositar una corona a la par del féretro. Y en el momento que Corripio Ahumada decía en su homilía que no se debe dar por caridad lo que es debido como justicia, en un costado del templo en dirección del Palacio Nacional, explotó una bomba de humo que provocó el pánico de aquella multitud, la subsecuente estampida y el intercambio de balas que duró alrededor de dos horas. Aquel acto de terrorismo provocó un promedio de 40 muertos, la mayoría aplastados por la estampida, y alrededor de 200 heridos. Catedral inconclusa, aterida, gallina de los pobres en el centro de San Salvador, abrió sus portones para que parte de aquella multitud se refugiara en sus entrañas, mientras el féretro del mártir con urgencia era rescatado para ser sepultado sin mayor dilación. Hablan las gradas de catedral, claman, cuentan sobre masacres y mucha sangre derramada en sus huellas. Aquel domingo de Ramos o de Romero, miles de zapatos y chancletas quedaron cubriendo la plaza luego de la estampida.
Lo más seguro es que los militares entraron en modo de pánico insuperable al ver aquella multitud en la calle.
El Capitán General Gerardo Barrios convertido en estatua en medio de la plaza, el mismo a quien Monseñor se había negado años atrás a oficiar una misa en su memoria por masón, allá en San Miguel, aterido encasquetado en su caballo presenciaba desde la altura aquellos trágicos acontecimientos que de alguna manera le recordaban las matanzas en las batallas en las cuales había participado a mediados del siglo XIX. Haciéndose entonces el desentendido, Barrios mejor se puso a silbar la marcha de la reina Victoria.
Después del incendio aquel 11 de marzo de 1954, fue hasta en octubre de 1956 cuando comenzó la reconstrucción de catedral de San Salvador, según los planos del arquitecto alemán Dominikus Böhm. En sus tres años como arzobispo, monseñor Romero dilató la conclusión de catedral para ocupar los fondos correspondientes en favor de los pobres.
Sobre aquel terrible acontecimiento no en domingo de Ramos sino en domingo de Romero, el gobierno por la tarde dio a conocer un comunicado donde responsabilizaba a la Coordinadora Revolucionaria de Masas por el terrorismo suscitado aquel mediodía, acusando a dicha organización de haber querido secuestrar el cadáver de monseñor Romero. No obstante, más tarde hubo otro comunicado en respuesta a la versión oficial, que decía: Nosotros, obispos, pastores de diversas iglesias cristianas, superiores de órdenes religiosas, sacerdotes y laicos, nos vemos obligados a rectificar el comunicado que el Gobierno de El Salvador ha hecho a las 16:30 del mismo día 30 de marzo sobre los sucesos ocurridos con ocasión de los funerales de Monseñor Romero. No sólo hay graves falsedades en la narración de los hechos, sino también en la interpretación de los mismos, que pueden llevar a graves errores y confusión. En ningún momento nadie pretendió arrebatar el cadáver de Monseñor Romero. Por el contrario, todas las personas y grupos sin excepción se portaron con gran respeto y devoción hacia sus restos.
Así rezaba parte del documento que obviamente no tuvo la difusión que tuvo el comunicado del gobierno. Lo más seguro es que los militares entraron en modo de pánico insuperable al ver aquella multitud en la calle. No fuera darse que la devoción se convirtiera en furia porque además zumbaban todavía en los oídos las palabras del domingo 23 cuando el mártir había llamado prácticamente a la desobediencia e insurrección. No fuera ser que Monseñor resucitara antes de ser sepultado y prosiguiera con sus prédicas y sermones. Duro, mi general, con estos piricuacos y terengos, dijo por teléfono el Mayor retirado al ministro de defensa. El general García era un desalmado a quien la justicia lo hace responsable por lo menos de 41 masacres, entre ellas: El Sumpul, El Mozote, los periodistas holandeses, El Calabozo y las monjas norteamericanas de la orden Maryknol.

Recogiendo cadáveres
Miguel Ángel Chinchilla
A la venta en Librerías de la UCA
* Miguel Ángel Chinchilla es un poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y periodista salvadoreño nacido en 1956 es una de las figuras relevantes de las Letras en la segunda mitad del siglo XX. Co-fundador del desaparecido suplemento literario Los Cinco Negritos en Diario El Mundo y miembro del consejo de redacción de la revista Amate.
Más Memoria
-

Magnicidio a 35 metros de distancia
El suave ronroneo del carro nuevo VW Passatt color rojo, no perturbó la atención de los pocos fieles que asistían a la misa. Amado Garay…
-

La radio: información, compromiso y lucha
La historia de la radio informativa entre 1960 y 1990 relatada por Edgardo Cuéllar ha sonado con voz timbrada y famosa durante décadas. En una…
-

Algo inolvidable, terrible, pero inolvidable
Los detractores del arzobispo Romero lo han comparado con el dominico inquisidor Girolamo Savonarola que en 1498 fue ahorcado y quemado por hereje. Algunos extremistas…
-

Magnicidio a 35 metros de distancia
El suave ronroneo del carro nuevo VW Passatt color rojo, no perturbó la atención de los pocos fieles que asistían a la misa. Amado Garay estacionó el…
-

El cultivo del pensamiento crítico ante la desinformación
En una atmósfera cargada de información, desinformación e información falsa no caería mal que desde la propia práctica en círculos familiares y sociales se haga un esfuerzo por…
-

El encuentro…
Era una noche sin estrellas, sin nubes, sin viento y casi podría decir que sin cielo ya que no se veía nada. Al fin me había aventurado a desvelarme e introducirme entre…
-

Pobrecito poeta, capítulo 2
—Vaya, vine temprano (estornuda). Mi nombre es Roberto del Monte, y vengo arrastrándome, como decía el prócer José Simeón Cañas, medio de goma, y si estuviera agonizando,…
