Entrevista

Rebeca Gómez: «Una de mis aspiraciones es recuperar parte de la cobertura vegetal de San Miguel»
Texto: Laura Flores Amaya*
Fotografías: Cortesía de Rebeca Gómez
Marzo 21, 2025
Los esfuerzos locales en contra de la minería metálica, del mal manejo de la basura, de la protección de cuencas hídricas, entre otros, deben nacer y expandirse desde las comunidades que sufrirán la devastación. Así lo piensa Rebeca Gómez, una de las voces emergentes de la lucha por el medio ambiente en el oriente de El Salvador.
Rebeca es una joven ecofeminista, afrodescendiente y una de las voces emergentes del movimiento ambientalista en el oriente del país. Desde su mirada, en un contexto de reactivación de la minería metálica y denuncias constantes por la tala de árboles y construcciones en áreas naturales protegidas, la defensa del medio ambiente es un asunto de todos y cada uno.
Rebeca vive en San Miguel desde que tenía tres años. Cuenta que, de niña, su patio tenía muchas flores y árboles frutales que sembró junto a su familia. Su madre, una mujer que creció en el campo, fue quien le heredó el amor por la naturaleza.
Rebeca es fundadora de Catarsis en Verde, un movimiento ambientalista que surgió en 2023, a raíz de la tala de árboles en la colonia Ciudad Real, bajo la administración de Will Salgado. Ante las acciones del gobierno municipal, este colectivo convocó a protestas en contra de esta situación, en un municipio en el que las personas se manifiestan poco y que no salían a las calles a denunciar desde las marchas contra la privatización del agua en 2018. Y sin imaginarlo, personas de su comunidad y de otras, se sumaron.
Rebeca es también egresada de Biología, es cantante y emprendedora. Es imparable. En todos esos espacios tiene un posicionamiento político muy claro: la educación popular (un movimiento que busca la transformación de la realidad mediante la educación y la participación) y la defensa del medio ambiente.
Ha tomado esta bandera, en un país con un deterioro ambiental en ascenso. Prueba de ello es que una investigación de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) reveló en 2024 que El Salvador es el país centroamericano con menor cantidad de agua de calidad disponible.

El compromiso de Rebeca con el medio ambiente nació al observar la injusticia y la depredación de los recursos.
Esto lo ubica en «deficiencia hídrica relativa». Este mismo estudio resalta que hay una pérdida anual de bosque del 2 %: en promedio se están perdiendo 4,500 hectáreas de bosques ribereños al año. Por otra parte, según un estudio de la Universidad Francisco Gavidia (UFG), el 56.6 % de la población reconoce que los espacios naturales están descuidados o contaminados.
En 2024, el gobierno de Nayib Bukele recortó $4 millones al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Según reveló la revista Gatoencerrado, este sería el cuarto recorte presupuestario que hace la administración Bukele a este ministerio desde 2019. Otra investigación de La Prensa Gráfica mostró que en 2022 dicho ministerio aprobó 1,586 permisos, la cifra más alta desde 2018. Entre ellos, hay megaproyectos cuyos estudios de impacto ambiental no han sido publicados.
En esta conversación, Rebeca nos compartió sus reflexiones sobre estos retrocesos, el avance del movimiento ambientalista en San Miguel, la ecoesperanza, las lecciones aprendidas en su camino de organización comunitaria y su preocupación por el contexto político actual.
«Algo que yo siempre voy a recalcar es que esta lucha
no ha sido mía (…). Fue colectiva, fue de las
ADESCOS, de las comunidades
¿Cómo describirías el desarrollo del movimiento ambientalista en San Miguel?
Se conoce muy poco de la historia de San Miguel, de hecho, hace unos días se hablaba de cómo fue la fundación de San Miguel, y cómo se mostró como un pueblo sumiso ante la corona. No se difunde mucha información sobre esta ciudad y creo que eso nos hace estar sin identidad desde el principio.
En Morazán, por ejemplo, que es una zona siempre de oriente, se tiene una historia sobre sus luchas ambientales, comunitarias, sociales, bien marcadas. Y bueno, en San Miguel somos más movimientos emergentes. Me atrevo a decir que la lucha ambientalista en San Miguel apenas inicia.
Tal vez ha iniciado de los 2000 hacia acá, y creo que tenemos grandes retos porque hemos tenido que ir tocando puertas. Y como es algo que ha venido muy tenue, la gente también no está muy acostumbrada a ese tipo de cosas, es bien indiferente ante algo que pasa, no incomoda a todos de la misma forma.
¿Cómo es que decidiste convertirte en defensora ambiental?
Yo creo que no lo decidí por completo. Siempre me llamó la atención el medioambiente y estaba muy empecinada con eso. De hecho, estudié medicina, hasta que me di cuenta de que no era lo que me gustaba y así empecé a estudiar biología. Pero la verdad es que dentro de la carrera nosotros no vemos tantas materias humanísticas.

Activistas se pronuncian en 2022, en San Miguel. Por lo general, los intereses de particulares y poderosos están detrás de los proyectos de depredación del medio ambiente.
Entonces no es que yo tenía desarrollada esa parte social. Yo creo que el génesis de la Rebeca defensora es el ver la injusticia, no podía ver que nadie estaba haciendo nada. Nace del rumor que querían talar más de 200 árboles.
Quizás muchos recibieron esta información, pero cuando me di cuenta, empecé a tocar puertas, a investigar y todos me decían que necesitaba un abogado. Yo era estudiante, no tenía nada de dinero. Entonces dije: «Tengo que tocar puertas, alguien me tiene que ayudar, alguien me tiene que dar ese respaldo legal». Y empecé.
Así fue que conocí a los compañeros de Reverdes y ellos me dieron ese acompañamiento legal. Pero fue solo el punto de partida. De eso, algo que yo siempre voy a recalcar es que esta lucha no ha sido mía, nunca me voy a atribuir esta lucha. Fue colectiva, fue de las ADESCOS, de las comunidades y de todo aquel que veía la protesta y se bajaba del bus. Para mí fue impactante ver cómo se corrió la voz.
«Al inicio mi bandera era la conservación ambiental, pero nadie va a querer conservar algo que no conoce. Ahora mi bandera es la educación popular».
Y aquí es cuando a mí me gusta pensar que la crisis nos tiene que poner bien creativos. Era noviembre de 2022 y en San Miguel se realiza una procesión masiva a la Reina de la Paz. Sacamos 1000 afiches que decían, «Reina de la paz, ruega por los árboles que nos quieren talar». Y tenía esa cita bíblica donde dice que Dios en tal día creó los árboles… Y ahí nos ves con un grupo de amigos de otra organización repartiéndolos en el Festival Mariano y en la procesión de la Virgen.
Siento que al final no teníamos medios, pero nos inventamos los medios para comunicar. Con miedo, claro. Pero muy audaces porque pegamos afiches hasta en la alcaldía. Al final, tanta rabia nos daba fuerza como para seguir. Creo que no había habido una protesta desde el 2018 que se protestó por la privatización del agua.


En 2022, los pobladores de las comunidades que serían afectadas por los proyectos de construcción no dudaron en manifestarse para parar las obras.
Luego de todo este camino ¿cuál es tu bandera?
Mi bandera al inicio era la conservación ambiental, pero nadie va a querer conservar algo que no conoce. Ahora mi bandera es la educación popular, desde el enfoque ambiental. Para mí la verdad, no me sirve de nada escribir 1000 artículos científicos, que hablen sobre el microclima, si al final la gente no lo va a poder leer, no va a tener el acceso.
Si conectamos genuinamente con estos temas saldrán muchas personas que amarán la naturaleza desde pequeños, como en el campo.
En diferentes espacios te he escuchado hablar de ecoesperanza. ¿A qué te referís con eso?
Para mí la ecoesperanza es tener esa convicción de que hay muchas personas también viendo la crisis climática y queriendo hallar la forma de cómo salvamos el mundo. Para mí es cuando, por ejemplo, estás en una campaña de limpieza y un niño te ve, tiró la basura mal, pero te ve a vos recogerla y él va y la recoge.
Para mí la esperanza también está cuando defendemos el río. Para mí la esperanza está cuando denunciamos todo aquello que no está bien. Y ahí es cuando yo digo: «Se me ocurre que esta vez de verdad genuinamente ganamos los buenos». Estamos haciendo muchas cosas los buenos, las personas que sí queremos ver un cambio para las futuras generaciones.
Hace unos días yo estaba en un foro donde una compañera me dijo algo muy importante: «Yo soy del 2000 y a mí toda la vida me han dicho que hay que defender el río, pero yo nunca pude nadar en el río, como mi abuelo, nunca pude tirar el colón y buscarlo porque el río ya estaba contaminado. Entonces, yo nunca tuve una conexión directa con cómo se veía la naturaleza sin estar contaminada».
Me puso a pensar porque tiene tanta razón. La verdad, nacimos en ambientes muy críticos. Nacimos donde ya había lucha por el agua, nacimos donde ya había lucha por la tierra. Nacimos donde el cultivo de caña ya era más grande que las zonas que podían ser cultivadas para alimento, para vivienda. Entonces, hay un montón de limitantes y creo que ese problema de no hacer ese relevo generacional nos ha afectado demasiado.
«De qué me sirve tener empleo [en las minas]
si al final voy a atentar contra mi misma vida,
la de mi familia, mis generaciones».

Fragmento de la resolución que mandaba suspender los trabajos en la carretera, los cuales estarían afectando a los pobladores de la colonia Ciudad Real, en San Miguel (2023).
¿Considerás que hay esperanza en medio de un contexto donde se aprueban constantemente permisos de construcción en áreas protegidas o en un país donde se reactiva la minería? ¿Cómo es que no te movés del renglón de la ecoesperanza frente a ese contexto?
Bueno, yo creo que esas personas que tienen el poder, entre comillas, y que toman las decisiones, jamás van a tener la necesidad de pensar que sus generaciones no van a tener agua, porque fácilmente, si toda el agua del país se contamina con la minería, ellos se van para otro país. Creo que la ecoesperanza viene desde la gente que realmente tiene esa conexión y que tiene una necesidad.
No se defiende lo que no necesitas. Por eso es que yo pienso que la única forma de llegar a estas personas con poder es desde la voz comunitaria de todos, desde esa fuerza, desde esa veeduría comunitaria.
¿Cómo ves el futuro del movimiento ambientalista frente a esa lucha contra la minería?
Yo creo que los y las ambientalistas estamos haciendo todo lo humanamente posible. Actuamos con miedo y eso es de valientes. Actuar con miedo y no paralizarse. Siento que con pocas acciones se ha logrado por lo menos comunicar cierto descontento y se ha notado. Porque, por ejemplo, a Bukele y compañía la popularidad les ha bajado.
Ya hubo un precedente de lo que la minería podía hacer. Está en esas comunidades. Por ejemplo, yo vengo de un lugar donde mis bisabuelos vivían cerca de una mina. Ellos me comentaban que han visto un montón de gente morir por cuestiones de salud.
En las minas te dicen: «Van a tener muchos empleos, van a tener muchas prestaciones». Pero de qué me sirve tener empleo si no defiendo la vida misma, o sea, si al final voy a atentar contra mi misma vida, la de mi familia, mis generaciones.
Creo que por ese precedente que las personas ya tienen, porque ya hubo una minería en un país tan pequeño como El Salvador donde hubo mucha destrucción no solo hídrica, sino de suelo y de vidas humanas, la gente lo rechaza. Como movimientos ambientalistas intentamos de alguna forma comunicar el mensaje.

El 8 de marzo de 2025, Día Internacional de la Mujer, los manifestantes se pronunciaron en contra de la minería, cuyo daño al medio ambiente y a la salud se ha comprobado alrededor del mundo.
«Invito a la gente a que no espere solo a que los ambientalistas hagan algo. Si algo nos indigna (…), hay que movernos nosotros también».
A veces tal vez no es tan directo, porque nuestra idea no es que ningún compañero salga perjudicado. Sabemos que ahora el Régimen de Excepción es un número completamente [se llevan a las personas para cumplir una cuota] y bueno, de hecho tenemos compañeros que están siendo criminalizados.
Es bien difícil cambiar la narrativa de una persona que incluso mete a Dios en el mismo tema de destrucción. Te confundís, pero incluso así, la gente ha respondido de una manera que me sorprende bastante. Se ha hecho la recolección de firmas, tanto virtuales y físicas. La gente ha marchado desde su territorio, la gente ha puesto pancartas, la gente de verdad ha mostrado su descontento. Obviamente este gobierno, que ha venido preparando la tierra desde hace muchos años, ya tenía todo esto en una agenda interna, pero a mi me gusta pensar que hay esperanza todavía de poderlo frenar, pero creo que depende de todas y todos para poder hacerlo.
Y yo la verdad invito a la gente a que no espere solo a que los ambientalistas hagan algo. Si algo nos indigna, si de verdad creemos que puede haber un cambio, hay que movernos nosotros también, y no es necesario que yo si soy de La Unión, de San Miguel o de otro lugar vaya hasta San Salvador. No, más bien pensemos, desde nuestro territorio, ¿qué podemos hacer?
¿A qué le apuesta Rebeca y a qué le apuesta Catarsis en Verde?
Una de mis aspiraciones es recuperar parte de la cobertura vegetal de San Miguel, mediante reforestaciones y el seguimiento vegetativo de los árboles, para mejorar los microclimas y mejorar las olas de calor en las comunidades. Otra de mis aspiraciones es la conservación de especies nativas en San Miguel y de todo Oriente.
Catarsis en Verde le apuesta a la educación ambiental, a la agroecología, a la preservación de la biodiversidad y de los ecosistemas, además de la investigación a nivel oriental. Esperamos que, de la fecha a cinco años, hayamos cumplido parte de nuestras aspiraciones o estemos trabajando nuevos recursos.
¿Cómo se cruza el arte, el feminismo y el ambientalismo en tu lucha?
Hace unos años me replanteaba esta idea. Desde la biología comprendí que el arte y la naturaleza están en un perfecto equilibrio y desde entonces no puedo separar ninguna de estas aristas. Sigo creciendo, aprendiendo y desaprendiendo en todo. Y es que, además, todo me ha ayudado a visibilizar las luchas y me motiva verme como una mujer ecofemista logrando cosas bonitas y significativas en el ambiente ecologista, mediante el arte.

Protesta de ciudadanos en 2022 en San Miguel, que exigen se detenga la tala de árboles.
* Periodista
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