Cultura

Fotoilustración: Luis Galdámez
Y el verbo se hizo canto
Carlos Mejía Godoy
Abril 4, 2025
Carlos Mejía Godoy, el talentoso cantautor que conocemos por Son tus perjúmenes mujer y Nicaragua, Nicaraguita, hoy en el exilio de su patria querida, nos comparte su libro Y el verbo se hizo canto. Memorias, en el que presenta 50 canciones «con diversos ritmos, sabores, colores y texturas». Hoy los invitamos a esta mesa servida con una de esas 50 canciones, su letra y una historia relacionada para el recuerdo.
***
Clodomiro El Ñajo
Letra y música: Carlos Mejía Godoy
En el barrio Larreynaga al final de aquel atajo
vive Clodomiro Arteaga a quien le dicen El Ñajo
Clodomiro es entenado como bien lo sabés vos
del celador mal pagado
de la Farmacia de Cleto Urroz
Clodomiro, Clodomiro para dóne vas tan serio
voy a ver un partidito allá por el cementerio
Y en asunto de mujeres cómo te trata la vida
me defiendo me defiendo
como gato panza arriba.
En la farmacia surtida del mentado Cleto Urroz
tiene bretis Clodomiro él es el cachimber-boy
el boticario sin dientes a la calle lo mandó
oigan amigos presentes lo que al ñajo le pasó.
—A ver Clodomiro, andate a la ferretería y me
comprás una libra de clavos y un formón.
—Una libra de clavos y un formón.
—No. Tenés que apuntarlo para que no se te olvide.
—No se me olvida patroncito. Yo tengo un
truquito. Le pongo musiquita. Oiga: una libra de
clavos y un formón.
Clodomiro, Clodomiro…
Clodomiro como siempre en la calle se topó
con su cuate Picue-liendre que es un gran vacilador
Clodomiro por vergüenza la estrategia transformó
Y en vez de la cancioncita sólo la música chifló.
Clodomiro Clodomiro para dónde vas tan serio
voy a ver un partidito
allá por el cement…
y en asunto de mujeres cómo te trata la vida
me defiendo me defiendo
como gato panza…
Cuando a la ferretería el ñajo llegó por fin
le preguntó el dependiente
¿En qué te puedo servir?
Clodomiro muy tranquilo de su truco musical
le silbó la cancioncita con toda seguridad.
—Esto es lo que vengo a comprar.
—Bueno, pero, ¿qué significa ese silbido?
—¿Ideay? ¿Yo qué culpa tengo si no entendés?
Te lo voy a decir más despacito
—Un momento. O me decís lo que querés
o te saco a puñetazo limpio de la ferretería,
ñajo baboso.
—Ya me llevó el diablo. Fijate que yo me acuerdo
bien de la musiquita, pero se me olvidó la letra.
Clodomiro, Clodomiro…
***
Juan Escobar, el hombre de La Voz de Oro en los tiempos de la antigua Radio Centauro, trabajaba con Lorenzo El Chocoyo Cardenal, dueño del único estudio de grabación en la Nicaragua pre-terremoto. Pasado el sismo que destruyó Managua, Lorenzo se trasladó a la carretera de Masaya, donde un joven cantor empezaba a grabar sus primeras canciones.
Escobar atendía la pequeña empresa en ausencia del propietario.
—Ve, Carluchín, mientras El Chocoyo regresa del aeropuerto, yo te ofrezco un cafecito jinotegano que nos acaba de llegar.
Y, efectivamente, yo saco las rosquillas somoteñas y se inicia la conversa. Juan me confiesa que siempre ha tenido una enorme curiosidad sobre el fenómeno de la inspiración musical.
—A ver, trovador —dice el flaco Escobar—. Vamos a hacer de cuenta que soy periodista. Aquí está la pregunta del millón: Cuando componés una canción, ¿qué nace primero, la música o la letra?
Lo que respondí a Escobar es lo mismo que he declarado siempre. No hay reglas ni cánones para la creación. A veces, encabezamos una canción con determinado título y al final éste desaparece. O viceversa, desaparece la canción y sólo sobrevive el título.
Juan Escobar insistió en su inquietud:
—¡Qué daría yo por ver nacer una canción desde su inicio!
—Me estás toreando —dije en son de broma—. Y añadí: —Andá buscá papel y lápiz, vamos a experimentar algo.
El locutor buscó los materiales y ahí estaba la famosa «página-en-blanco», que enfrentamos de la manera más divertida y espontánea. Recuerdo que pensé: las musas están en huelga. ¿Se apunta algún duende para soplarnos algo al oído? Juan sigue expectante y me toca romper el silencio.
—Contame una anécdota, alguna aventura de tu vida.
Escobar se rascó el bigote, viendo hacia el hicaco. Yo lo animé diciéndole:
—Te la pongo bien chiche, contame un chiste. De loras, de curas, de suegras… no importa. Lo que sea.
—¿Uno de ñajos? —pregunta Juan.
—Pijudo —contesto con entusiasmo.
Escobar cuenta su chiste, muy simpático, por cierto. Pero su protagonista no tiene nombre y yo le invito a bautizar al personaje.
—¿Sabés qué, Juan? Prefiero un nombre pintoresco, de cuatro sílabas. Belisario, Ceferino, escogelo vos.
—Clodomiro, pues —dice el locutor. Así se llama un tío mío. Clodomiro Escobar.
—Lindo nombre —respondo— Clodomiro. El apellido puede rimar con el barrio. ¿Dónde vivís vos?
—En Larreynaga.
—Perfecto. ¿Te das cuenta? Ya nació el título. Apuntá, pues el primer verso: En el barrio Larreynaga, al final de aquel atajo, vive Clodomiro Arteaga, a quien le dicen El Ñajo.
—¡Qué de-a-cachimba! —celebró mi amigo. ¿Y la musiquita?
—Shh, esperate —le contesté—. Primero armemos el muñeco. Vamos con la historia.
Y así, de verso en verso, fuimos armando el texto, sin percatarnos jamás de que aquel trivial experimento, años después, habría de convertirse en una canción tan exitosa, que saltó el charco e incluso llegó a ser grabada en las voces de Los del Río, los españoles de la famosa Macarena.
Un chismoso, que nunca falta, me detiene para informarme:
—Ideay, Carlitós, ¿cómo es eso? Por ahí anda diciendo Juan Escobar en su Facebook, que la canción de Clodomiro no es tuya, que él la compuso y vos se la pizpirineaste.
Le rompo los esquemas al cuechero.
—Sí, es cierto. La canción la hizo Juan Escobar. ¿Cuál es tu problema?
Al verse descobijado, el sujeto cambió de tema:
—Y entonces, ¿qué pasó con Clodomiro, el ñajo boterista?
—Ah, esos son otros cien pesos. Si te cuento la historia, no comprás el libro.

«Y el verbo se hizo canto»
Carlos Mejía Godoy
Puede encontrarlo a la venta en www.amazon.comhttps://www.amazon.com/-/es/verbo-hizo-canto-Memorias-Spanish/dp/B0C2SG4Q1L
Carlos Mejía Godoy y su esposa Xochitl Jiménez perdieron su casa y la mayoría de sus pertenencias por un incendio hace pocos días en Estados Unidos. Quienes quieran contribuir a la recolección de fondos para ayudarles, pueden hacerlo en este enlace:
Más Cultura
-
Cuando yo la vide
Acababa de cumplir los diez años cuando terminé la Primaria en la Escuela de Ña Mercedes Alfaro, como llamábamos a nuestra emblemática profesora. Ella declaraba…
-
El Cristo de Palacagüina
Desde muy niño, el nombre de Palacagüina me sono muy divertido. De hecho, todas las toponimias de mi región eran como cajetitas de leche para…
-
Panchito Escombros
Horacio Borgen Tróchez, empresario y amigo, quien desde antes del terremoto tenía el proyecto de editar un disco con mis primeras canciones, me mandó a…
EN ESTA EDICIÓN
-
Hugo Rivas: «Una manera segura y creativa de trabajar emociones»
Hugo es un artista plástico salvadoreño que facilita talleres de arteterapia a personas que experimentan dificultades relacionadas con la salud mental. Según el artista, la…
-
Miradas de la ciudad y sus habitantes
El 28 de marzo, los foto-artistas gráficos Roberto Linares, Félix Meléndez y Naho Belloso presentaron el resultado de su trabajo en una muestra en blanco…
-
«Rogelio es un símbolo de total coherencia como pocos en este país la han tenido»
A inicios los 70, desde Bélgica los salvadoreños recibimos a un sacerdote que desde la acción pastoral caminó junto a las luchas, las guindas,…
-
Cuando en nombre de la justicia, repetimos la herida
Los escudos que levantamos son testigos y reflejo de nuestras heridas, las espadas que blandimos son defensa por el miedo a repetir experiencias pasadas y…