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Entrevista

Foto: Luis Galdámez

Carmen Álvarez: «Relajo cuscatleco» es una invitación al buen humor»

Texto: Claudia Perla

Mayo 1, 2026

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Una de las autoras con mayor interés en conservar y divulgar el habla coloquial salvadoreña es Carmen Álvarez. En 2005 publicó su primer libro, Dichos y diretes, una recopilación de términos y expresiones de diversos temas, que le tomó varios años reunir. En el libro explica el significado y uso de la mayoría de ellos. La organización del contenido es temática, pero con sentido de conjunto. 

Después de publicar otros títulos en un lapso de más dos décadas, este 2026 presenta su nueva obra, Relajo cuscatleco, en la que ofrece una compilación de apodos, chistes, frases con doble sentido y definiciones curiosas y sugerentes, además de oraciones, coplas y el texto de la Lotería de Santa Tecla.

Más allá de su valor como esfuerzo por rescatar y preservar una parte viva de la cultura popular, en sus páginas encontramos una invitación al buen humor, a la alegría, a reírse y disfrutar de la vida, tan preciosa en sus múltiples sentidos. Así lo expresa la propia autora, quien destaca la importancia de reír no solo de lo divertido, sino también de los desmanes y tropiezos que nos presenta la vida e, incluso, o tal vez principalmente, de nosotros mismos.
Para Espacio Revista, Carmen Álvarez comenta algunos de los ingeniosos apartados que conforman Relajo cuscatleco.

***

Cuéntenos cómo llegaron al nombre de este libro.
Yo no estaba segura de qué nombre ponerle. Entonces, convoqué a todos mis hijos y sus hijos, mis nietos, y las esposas de ellos, para que entre todos pensáramos qué nombre ponerle. Yo les dije que tenía que ir «cuscatleco».

¿Por qué?
Para que se supiera que era de aquí, de El Salvador, porque los libros van a otros países. Entonces, una de las esposas de uno de mis nietos sugirió «relajo» y a mí me pareció súper bien y eso le puse.

¿Se acuerda de las otras propuestas?
Desorden, mosaico, revoltijo, hubo un montón de sugerencias, pero el mejor fue «relajo».

¿Desde hace cuánto tiempo viene recopilando el material que aparece en el libro?
Desde hace 30 años. Pero hace 30 años yo no percibía que podía ser un libro. Yo sentía la necesidad de que todo eso perdurara. Entonces, cuando fui a New Orleans, allá vivía una tía mía que ya estaba bien viejita, a ella le pedí que me dijera las oraciones que hacían ellas en su infancia, las apunté y las guardé. 

Algo parecido fue con los apodos. Mis hijos me traían los apodos del Externado y mis hijas de La Asunción, pero las niñas no se ponen apodos. Entonces, me los decían y yo los apuntaba. Después, los de los futbolistas, yo no tenía ni idea. Entonces, se los pedí a un sobrino político, fanático del fútbol, que se sabe todos los apodos de todos los futbolistas del mundo. Él me dio esos.

Así fue reuniendo el material.
Todo eso lo iba guardando en diferentes papeles y libretas, no tenía un solo cuaderno, pero los guardaba juntos.


«El gasolina» le dicen porque cada vez es «más cara», porque se le está cayendo el pelo.


¿En qué momento los comenzó a digitar en la computadora?
Cuando estábamos en la UCA (Universidad Centroamericana José Simón Cañas), Lito Rodríguez vino a mí y me dijo que de Guatemala le estaban pidiendo el habla coloquial nuestra. Así fue como empecé a organizar el habla coloquial, que también me sirvió para Dichos y diretes, pero en Dichos y diretes lo que más me sirvió fue que yo no tenía carro, entonces tenía que andar en bus, y al oír a la gente hablar, yo apuntaba. Cuando tuve el montón de libretas, me dijo Ana María Nafría: «Con todo eso podés hacer un libro». Entonces, ya empecé a pensar en el libro.

Para Dichos y diretes fui a los mercados, a las farmacias donde venden las cosas que pide la gente, como son los Siete espíritus, ¿yo qué sabía de los Siete espíritus? No sabía nada, y la gente lo compra. Es un líquido, pero no sé para qué lo ocupan. Iba a las terminales de buses, me subía al bus que va para Santa Ana, todo eso me sirvió para el libro Dichos y diretes.

Entonces, con ese primer empujón que le dio Lito, ¿los comenzó a escribir en la computadora?
No, los tenía escritos a mano.

Entonces, ¿cómo fue el salto a libro?
Yo pensé… Primero pensé en los apodos. Tanto en los apodos normales como en los apodos de los futbolistas. Después, en los chistes, que son chistes de tres clases diferentes: chistes de ex presidentes, chistes de Pepito y chistes sexuales, ¡ah!, y de gallegos. A los pobres gallegos los toman como tontos, pero no son nada tontos, y a costa de ellos hacen chistes, y no hay derecho.

Ha de haber alguna razón histórica por la cual surgió eso.
A lo mejor.

Hay diferentes tipos de chistes, claro. ¿Y hubo algunos chistes censurados, por colorados?
Sí, había algunos chistes sexuales que yo no podía poner porque caían en lo vulgar.

Bien. Hablando de los apodos, que ya comenzamos a hablar, la primera inquietud que tengo, ¿usted cree que todos los apodos son con pretensiones ofensivas o con mala intención?
No. Incluso algunos que son ofensivos creo que lo hacen más por humor, como chiste. Pero, la pobre gente que los padece, claro que le ha de molestar, aunque los otros solo se estén divirtiendo.

Sin embargo, he notado que hay personas que cuando se presentan lo hacen con su apoyo, por ejemplo, «¿Y vos quién sos?, «Yo soy el Chile Pepín», por ejemplo, y no les molesta. Pero desde hace algunos años ha surgido en las escuelas que son prohibidos ponerlos. ¿Cómo ve esto? Pues, de cierta forma, siento yo que se está quitando un rasgo propio que era de nosotros, de ponernos apodos.
Sí, eso pasa. Pero hay niños que sufren por los apodos. Al que le han puesto «Nalgas de monja», ya se imagina usted, pobre muchachito.


En el pasado, si el hijo o la hija nacía un determinado día, se le ponía el nombre que aparecía en el calendario católico.


¿Será que en todos los países de América Latina se ponen apodos?
No sé, los chapines sí se ponen apodos, pero en Sudamérica no sé, no tengo idea.

Revisando el libro, había sacado algunos ejemplos de apodos, para que conversemos de en qué se basan los apodos.
Bueno, en algún defecto físico o en algún color de la piel, que eso no es un defecto físico. Pero al que le pusieron «Aborto de momia», es porque era algo tonto y quizás feo; entonces, pobre muchachito. 

Algunos se pueden basar también en la forma de ser.
También.

¿En qué más se puede basar? Por ejemplo, mire este…
En una forma de caminar, o en alguna forma de hablar. 

Por ejemplo este: «El gasolina».
«El gasolina» le dicen porque cada vez es «más cara», porque se le está cayendo el pelo. Ese se basa en una característica física, su creciente calvicie.

Hay otro: «El inmortal».
Porque es alguien que tuvo un accidente y le quedó encogida la pierna, entonces, nunca va a poder «estirar la pata». 

Hay otro que es «Magapa», que ese sí es fuerte.
Ese es mal olor, golpe de ala y pata chuca.

Y el «Trofeo».
Porque es trompudo y feo.

Estos son relacionados con algo cruel, como por ejemplo, «El chicle se me pegó», el «Espantate la mosca» y el «Yo pago».
Así es, porque «El chicle se me pegó» es alguien que camina patojeando; el «espantate la mosca», es porque tiene temblores en la mano o el brazo, porque es enfermo y el otro es porque alguien que era paralítico de la mano, siempre la tenía en la bolsa.

Luego, hay algunos que los siento como neutros, ni para bien ni para mal. Por ejemplo, «El Oso», «El niño», «El Patacón», porque tiene las piernas largas, «El tabudo», porque tiene las rodillas grandes, «El zurdo». 
Aparentemente no tienen mala intención, pero habría que ver el contexto, porque el que le dicen «El niño», a saber a qué se refiere. 

De allí venimos a la sección de nombres. Al estarlos leyendo, encontré algunos tan extraños como «Aniverdelarev Rodríguez».
Porque los campesinos de El Salvador, antes, siempre compraban o les regalaban unos calendarios católicos, que todos los días de los meses del año tenían algún santo, y si el hijo o la hija nacía ese día, le ponían el nombre que estaba en el calendario. Por eso hay Demetrios, hay Dámasos, hay nombres que no se usan ya. Y Aniverdelarev, es verídico, porque una sobrina mía, que estaba estudiando medicina, me contó que llegaron a una región de campesinos, a poner las vacunas. Entonces, cuando le preguntaron a un muchacho «Y usted, ¿cómo se llama?», «Aniverdelarev Rodríguez o Aniverdelarev López», por ejemplo. «¿Y usted por qué se llama así?», le preguntó mi sobrina. «Porque así está en el calendario», le respondió él. En el calendario aparecía la abreviatura de «aniversario de la revolución», que era «Aniverdelarev».


Allí quise poner cosas que solo aquí hay, o que solo nosotros entendemos, por ejemplo, la calle sextadécima o el queso duroblandito.


Y este otro, por ejemplo, Mericrismas de Duarte.
Esos son nombres que yo encontré, que son de República Dominicana. Hapiberdey Tuyú Vilanova, Mericrismas Rodríguez de Duarte, y todos esos nombres de Mickey Mouse y del Pato Donal, con apellidos del habla española.

¿Y cómo los encontró en República Dominicana?
Me los envió un amigo.

Hay otro grupo de nombres que, realmente, son normales. Yo me pregunto si los padres… Por ejemplo: Alba Lazo, Alberto Carías, Casimiro Pérez, Delmy Corina Guardado. Se oyen normales, pero…
Pero si separa de forma diferente las sílabas quieren decir otra cosa. Por ejemplo, Delmy Corina Guardado, «del mico orina»; Alberto Carías «al ver tocarías», era un ginecólogo; y Alba Lazo, que es como «allí va el balazo». No es que los padres se den cuenta, para nada. 

Ahora hablemos de las definiciones. ¿A dónde encontró esas? Por ejemplo, «anómalo», «dilemas».
Esas las encontré en Facebook y de allí las copié. Por ejemplo, «lápida» es «chinita que cole dulo»; «nitrato» quiere decir «ni trato de hacer tal cosa»; y «huella», es la esposa del «huell». 

Me encantaron las definiciones de salario, que son tan originales y tan apegadas a la realidad al mismo tiempo, ¿adónde las encontró?
También en Facebook.

Luego tenemos los chistes. Aquí estábamos hablando que hay de varios tipos. Por ejemplo, hay una clasificación que se llama «No es lo mismo». ¿Se acuerda de algunos?
Por ejemplo, «tubérculo»: «No es lo mismo tubérculo que ver tu culo»; otro es: «No es lo mismo una pelota vieja que una vieja en pelota».

Y este de «No es lo mismo un metro de encaje negro…»
Pero ese no lo digo. No lo pongo.

Bueno, censurado. Veamos otro más inocente: «Tomarse un helado de ron con pasas…
«No es lo mismo tomarse un helado de ron con pasas que tomarse un ron helado y ver qué pasa». Hay otro de nombres: «No es lo mismo Corazón Aquino, que “corazón, aquí no”». Y otro no tan inocente: «No es lo mismo la reina de Java que se dejaba la reina».

Luego, en el libro, viene otro apartado que se llama «El colmo de…»
Ah, sí, como el colmo del médico, que es tener una esposa que se llame Dolores y una hija que se llame Remedios; o el colmo del farmacéutico, que cerró la farmacia porque ya no tenía más remedio. O, por ejemplo, está el colmo de un jardinero, que es tener una hija que se llame Rosa y la dejen plantada. Y hay uno para los matemáticos…. que es tener cálculos en los riñones. Y está este otro: «¿Dónde habitan los colmos? En Suecia, en Estocolmo».

Y luego, «las expresiones en otros idiomas», que es otro de los apartados más bonitos que tiene este libro, cómo se le adjudica un idioma, ¿es por la sonoridad de las palabras?
Por ejemplo, en japonés: «Eyaculación precoz: Yatá». «Respuesta a la eyaculación precoz: «¿Cómo que yatá?»; «bomba atómica: nikakita keda»; mujer casada, «ta usá», que es como imitando si estuviera un japonés hablando en español.

¿Qué otro idioma hay?
Siempre en japonés, nombres de personas: «Tumiko Tachuco», «Tuchiche takaida», es para decir una mujer anciana; «Tumiko Lamida», «Yosikuro Tumiko».

En chino está: niño desnudo: «chichí chulón»; escándalo sexual: «Clin Ton», pobre: «chin agua, chin lu, chin ná»; en alemán, matrimonio: «Kamas Krugen»; en árabe, guerra: «ai va labala», y beso: «saliva va, saliva viene»; en ruso, suegra: «storvo».

Hay un apartado bastante grande que se llama «Expresiones del orgullo salvadoreño». Ese se divide en «La esencia de ser salvadoreño» y en «Para los salvadoreños de corazón». 
Allí quise poner cosas que solo aquí hay, o cosas que solo nosotros entendemos, como por ejemplo, la calle sextadécima. Nosotros sabemos que existe la calle pero, para una persona que viene de un país civilizado, donde todo es ordenado, una calle «sextadécima» no existe. Es como el queso «duroblandito», eso sería como un oxímoron, creo que es, cuando se juntan dos palabras de significados opuestos para generar un nuevo término o significado. 

Por ejemplo, en la esencia de ser salvadoreño, son palabras que aquí se usan: «El salvadoreño no llora, chilla»; «El salvadoreño no come camarones, chupa jutes»; «El salvadoreño no es tacaño, es pisirico»; «El salvadoreño no se enoja, se encachimba o se encabrona».


Las risas y el buen humor nos hacen, a pesar de lo malo (…), tener un buen rato, porque usted, en ese momento, se olvida de sus penas y se ríe a carcajadas.


Y, en los salvadoreños de corazón, por ejemplo, solo aquí se come minuta con limón y sal, porque la minuta, por lo general, es dulce. Otra cosa, solo aquí a los negros o muy morenos se les decía «prietos», te podía decir tu mamá: «¿Cómo se llama aquella amiga tuya prietilla?», y se decía con cierto desprecio. ¿Y cómo podemos ser racistas nosotros, que somos el resultado de tanta mezcla de ADN? Pero eso también se dio en Europa, con los nazis, que aseguraban que había una raza aria pura supuestamente, y esa raza era el resultado de una gran mezcla de ADN, que tienen hasta de los neardentales y de los eslavos.

Luego tenemos las oraciones y, al final viene un apartado con coplas, versos y rondas que se cantaban antes.
Sí, las coplas (cantando): «De los caballitos que me compre usted / uno me gusta, solo el que ensille / vámonos p’aca, vámonos p’alla / que mi caballito lo atropellará». Esa me la enseñó mi abuelita, que no sé para qué se usaba. Yo las sé porque mi abuelita me las cantaba. Recuerdo esta otra (cantando): «Cuando yo me muera / ¿quién me enterrará? /  solo las hermanas de la caridad», y después viene: «El barreño sí, el barreño no, el barreño rreño de mi corazón.  / Cuándo yo me muera / ¿quién me velará? / solo los perritos de la vecindad / el barreño sí, el barreño no / el barreño rreño de mi corazón».

Muchas de estas cosas yo jamás las había escuchado ni visto.
Están en el libro de María de Barata, con todo y la solfa.

Y después siguen los versos. Pero quería finalizar la entrevista con que usted me cuente del objetivo de poner tanto empeño en trabajar y divulgar este tipo de libros.
Para mí, Relajo cuscatleco es una invitación al buen humor y a la risa. La vida nos da momentos buenos y momentos malos, entonces, los salvadoreños dicen: «Aquí no se gana, pero se goza», ese es un dicho salvadoreño. Entonces, ¿por qué es bueno reírse? Porque es necesario tener un momento para disfrutar, para reírse con los amigos o para reírse usted sola leyendo el libro. Porque el buen humor, las sonrisas y las risas a carcajadas son buenas para la salud, influyen en nuestra estructura biológica, en nuestros neurotransmisores, alterando nuestra química cerebral; entonces, las risas y el buen humor nos hacen tener, a pesar de lo malo y a pesar de que uno tiene, a veces, tendencia a deprimirse, un buen rato, porque usted, en ese momento, se olvida de sus penas y se ríe a carcajadas. Cuando se dice el dicho que te dije antes: «Aquí no se gana, pero se goza», es un ejemplo de reírnos de nosotros mismos o de nuestra desgracia.

En el caso de las oraciones, yo quería que no se olvidaran, porque en la iglesia católica tenemos unas que son permanentes, pero otras que van cambiando y no son obligatorias. El padrenuestro es fijo, el avemaría es fija, el credo, pues lo cambiaron, le aumentaron un montón, porque no era así antes, entonces yo, para que se conservara cómo eran las oraciones antes, para eso las puse.

Lo mismo con los juegos. Por ejemplo, el juego de Chancha balancha: se hacían dos equipos, uno se ponía frente al otro. Entonces, iba uno de los equipos cantando, acercándose desde la izquierda hacia la derecha: «Chancha balancha rositas de Marqués, me ha dicho una señora que lindas hijas tenés»; entonces le contesta el otro equipo: «Si las tengo o no las tengo, yo ninguna te daré», y todo eso era cantado. Te las estoy diciendo de memoria. Y, luego, le dice: «Tan alegre que venía y tan triste que me voy», y le contesta el otro: «Deténgase, caballero, y escoja la que usted quiera», entonces, el otro equipo regresa y dice: «Esta me llevo por ser la linda rosa, esta me llevo por ser la más hermosa», y así hasta que se las llevaba todas. 

Está lo de las entrevistas de trabajo…
Sí. Le pregunta el empleador que cuál es su nivel de inglés, que qué significa «yes»,  y que le dé un ejemplo, y la que busca trabajo le dice «Mi amiga Yesenia quebró con su novio», «Hay le avisaremos si le damos el trabajo». Y está la otra también, que anda buscando trabajo, cuando le preguntan si maneja Excel y la que busca trabajo le dice «Claro, y conozco la canción», «¿Cuál canción?», «¿Y cómo Excel? ¿En qué lugar se enamoró de ti?

Y también viene lo de la lotería.
Para estos libros fui a la lotería de Santa Tecla, que yo sé que no se va a acabar, porque desde que yo estudiaba en la UCA, en los 70, ya estaba la lotería en Santa Tecla. Regresé de mi vida en Costa Rica y todavía está la lotería en Santa Tecla. Así que esa lotería va a durar muchísimo, pero yo la quería tener por escrito. Esa lotería servía para las señoras del mercado que, cuando terminaban de vender, se iban a la lotería y como no sabían leer, la lotería era de figuritas, pero a cada dibujito le daban un nombre pintoresco. Por ejemplo: «El negrito calzón rayado», y allí está el dibujito del negrito. «La luna choca de un ojo», «El valiente cuchillero». Yo acabo de estar allí, y me convencí a un señor que me la diera exactamente como la dicen, porque yo la iba a publicar y me la dio.

Relajo cuscatleco

A la venta en Librerías

UCA y Nahanché


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