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Ilustración: Luis Galdámez
¿Para qué sirve un libro? Memoria, historia y el poder de contar
Texto: Carlos Henriquez Consalvi (Santiago)
Mayo 1, 2026
Antes de hablar sobre mi libro Los Mendigos me amaban, vale la pena comenzar con una pregunta sencilla: ¿para qué sirve un libro? Es probable que las respuestas más comunes apunten a su utilidad práctica: aprender, pasar un examen, hacer tareas o simplemente entretenerse. Todas esas respuestas son válidas. Sin embargo, también existe otra posibilidad, menos evidente y quizá más incómoda: hay libros que no sirven para nada de eso. No ayudan a aprobar matemáticas, no enseñan a ganar dinero ni ofrecen fórmulas para el éxito. Y aun así, son profundamente necesarios. Esta es una idea que alguna vez nos dio Amparo Marroquín.
El libro Los Mendigos me amaban, pertenece a esa categoría. No fue escrito para cumplir una función utilitaria, sino para algo más esencial: contar una historia. Una historia que, más que ofrecer respuestas, busca abrir preguntas y despertar la curiosidad.
La obra reconstruye la vida de Ernesto Interiano, un joven salvadoreño que vivió entre 1917 y 1943 y que fue asesinado a los 26 años. Provenía de una familia acomodada, pero su vida no siguió el camino esperado. No obedeció las normas sociales de su entorno y terminó convirtiéndose en una figura incómoda: alguien que defendía a los pobres, que desafiaba al poder y que incomodaba al orden establecido. Y en contextos como el nuestro —y como muchos otros en el mundo—, quienes incomodan demasiado suelen ser silenciados.
Ernesto Interiano no encaja en la imagen tradicional del héroe histórico. No fue perfecto ni ejemplar en el sentido convencional. Fue aventurero, enamorado, rebelde, contradictorio y profundamente humano. Tal vez por eso su figura perdura en la memoria colectiva. Con el paso del tiempo, dejó de ser únicamente un personaje histórico para convertirse en un héroe popular: alguien que no vive solo en documentos oficiales, sino en las historias, creencias y recuerdos de la gente.
En ese tránsito, su historia se fue transformando. Comenzó a mezclarse con rumores, relatos orales y expresiones de religiosidad popular. Hay quienes le atribuyen milagros, quienes le encienden velas o quienes le hablan como si siguiera presente. Esto abre una pregunta fundamental: ¿dónde termina la realidad y dónde comienza la imaginación? Esa tensión es central en el libro, que no se limita a ser una investigación histórica ni una novela de ficción, sino una combinación de ambas.
Para reconstruir a Interiano, el relato se apoya en archivos, testimonios, fotografías, entrevistas y también en la imaginación. Es un ejercicio de memoria que intenta dar forma a una figura que fue real, pero que con el tiempo también se volvió mito.
En este sentido, surge otra pregunta inevitable: ¿por qué contar hoy la historia de alguien que murió hace tanto tiempo? La respuesta está en la necesidad de la memoria. Vivimos en sociedades donde muchas historias han sido silenciadas, donde numerosas voces han quedado fuera de los relatos oficiales. Cuando olvidamos esas historias, perdemos también una parte de nuestra identidad. Recordar no es un acto pasivo: es una forma de resistencia contra el olvido y de reconstruir nuestra identidad, y de reflexionar sobre quiénes somos, y porque somos de esta manera.
La memoria puede transformarse, adaptarse y encontrar nuevas formas de seguir llegando a las personas.
A menudo se piensa que la historia es aburrida, reducida a fechas, nombres y evaluaciones. Pero la memoria está lejos de ser eso. Está hecha de emociones, conflictos, misterios y preguntas abiertas. Es dinámica, viva, incluso incómoda. Y cuando se narra de manera significativa, puede convertirse en una herramienta poderosa.
En este contexto, resulta importante reflexionar sobre el tipo de figuras que recordamos. Los héroes más interesantes no suelen ser los perfectos, sino los que cuestionan, que rompen reglas, que no encajan. Son precisamente ellos quienes generan cambios, aunque muchas veces paguen un alto precio por ello. Recordemos a Simón Bolívar, quien dio libertad a cinco naciones, y al final murió pobre y abandonado en el puerto de Santa Marta, Colombia, donde en su agonía, expresó: he arado en el mar.
El libro, lejos de cerrar la historia de Ernesto Interiano, la deja abierta. Invita a quienes lo leen a preguntarse qué hacer con esa memoria, cómo reinterpretarla y cómo continuarla. En ese punto, las nuevas generaciones juegan un papel fundamental.
Hoy existen herramientas que antes no estaban disponibles. Las historias ya no se cuentan únicamente en libros; también viven en videos, redes sociales, podcasts, fotografías o animaciones. Pueden expandirse a múltiples formatos y plataformas. En ese sentido, la memoria puede transformarse, adaptarse y encontrar nuevas formas de llegar a las personas. Como se sugiere en el texto base, incluso sería posible imaginar una serie, un blog o un videojuego que retome la figura de Interiano y la proyecte hacia nuevos lenguajes .
Esto conduce a una pregunta clave: ¿qué historias queremos contar hoy? Y, más aún, ¿cómo queremos contarlas?
Finalmente, hay una idea que atraviesa todo este planteamiento. Existen libros que buscan enseñar de manera directa, que intentan decirle al lector qué pensar. Pero hay otros que simplemente narran una historia. Y, paradójicamente, son estos últimos los que muchas veces enseñan más. No porque impongan una lección, sino porque despiertan el interés, la emoción y la reflexión.
Volvemos entonces a la pregunta inicial: ¿para qué sirve un libro? Tal vez no para aprobar un examen ni para obtener beneficios inmediatos. Pero sí para algo más profundo: para ayudarnos a entender quiénes somos, de dónde venimos y qué historias decidimos seguir contando.
(Ideas para una charla a estudiantes de 2.do año, de un centro escolar capitalino, el 20 de abril de 2026)

Los mendigos me amaban
A la venta en el
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