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Cultura

Ilustración: Luis Galdámez

El enigma de las gatas y de los gatos

Yolanda Guirola Zelaya*

Abril 3, 2026

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No eran los ciento un dálmatas, pero sí eran parientes, algunos con manchas negras, otros amarillos, blancos, grises, con listas, orejas pequeñas o grandes, trompita con dientes afilados y uñas puntiagudas que destruían todo lo que estaba a su paso. Era impresionante escucharlos maullar pues tenían una gran variedad de sonidos dependiendo del estado en el que se encontrasen: en celo, peleando, reclamando atención, por decir algunos.

Siempre me he preguntado por qué duermen tanto, pues parece que es su estado natural, además son muy fértiles ya que aparecen con la pancita inflada después de una noche de griterío, ruidos, carreras arrastradas, en fin, después de una noche de «sexo violento».

¿Por qué será que los techos son sus lugares preferidos? ¿Y por qué la noche es la preferida para sus incursiones? ¿Será porque son amplios, ventilados, con la luna de testiga y muda cómplice de sus correrías? ¿O será porque el cielo con su inmensidad les transmite sensaciones provocadoras? 

Bueno, en definitiva, son un enigma. Y qué decir del ronroneo, eso sí que es un misterio, dicen que lo hacen como manifestación de cariño pues se acercan y se pegan al cuerpo de las personas, pero no de todas, solamente de las que reconocen como parte de su familia. Lo difícil es quitarse de la ropa la cantidad de pelos que quedan como recuerdo de esa manifestación de cariño.


Este es mi homenaje a las gatunas y gatunos, que expanden su fragancia por doquier, nos deleitan con sus ronroneos, destruyen nuestros muebles, pero forman parte de nuestras vidas.


En el siglo pasado tuve gatos, pero todos fallecieron trágicamente. Uno de ellos era muy pequeñito y se metió a un clóset quedando atrapado por la puerta que se cerró sin saber que él se estaba metiendo; otro fue mordido por un colega y le quedó un hueco en la cabeza con un hueso afuera, y el otro, con nombre femenino, resultó que no era gata, y murió porque lo golpeó un carro. Se descubrió que era gato porque tenía unas protuberancias que se le veían colgando y al creer que eran tumores se hizo la consulta y la doctora con una tímida sonrisa dijo: «No se preocupe, no son tumores, son testículos. ¡Es un gato!». Y continuó diciendo: «¿Va a necesitar factura?». Todavía después de más de 40 años, sigo preguntándome qué significado tenía la sonrisa de la doctora, ¿ustedes qué creen? 

En fin, ya cumplí con mi cometido de escribir algo sobre los miau miau , pero me falta comentarles sobre los nombres que algunos de ellos y ellas tienen, por ejemplo: Osita, Bonita, Trompita, Gladiador, Champiñón, Orejón, Tigrito, Siamés, Campeón, Llorón, Muñeca, Barbi, Estrellita, Señorita, Pequitas, Blanquito, Amarillito, Ojitos lindos, Niña bonita, Dormilona, Peludita, Manchita, Duquesa, Mi reina, Cosita linda, Grandulón, Viejito, Mami, Florcita, Finita, Lindita, Bebita, Patitas cortas, Colochita, Peloncito, Colita, Busca pleitos, Andariego, Ron Ron, Zapatito, Limoncito, Jocotón, Pancito, Pastelito, Platanito, Caramelito, Bam Bam, Lunita, Nube, Lluvia, Gotita, Silenciosa, Cocada, Caramelo, Dulce, Pulguita, Gallito, Cuca, Chulita, etc.

Hasta aquí mi homenaje a las gatunas y gatunos, que expanden su fragancia por doquier, nos deleitan con sus gemidos, destruyen nuestros muebles, pero forman parte de nuestras vidas y velan el sueño acompañándolo con sus ronroneos. Saludos Bodoquito (ese se me olvidaba).

El Salvador, 13 de mayo de 2025

*Abogada feminista, activista en derechos humanos


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