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Cultura

Fotoilustración: Luis Galdámez

El microcuento y su afán sugeridor

André Cruchaga

Mayo 16, 2025

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Mientras subía y subía, el globo lloraba al ver que se le escapaba el niño.
Miguel Saiz Álvarez

Jorge Canales (El Salvador, 1957) una de las voces relevantes de la poesía y el microcuento actual, ha merecido importantes reconocimientos dentro y fuera de El Salvador. En este haz de textos Canales despliega en una especie de escalera ininterrumpida, en ascenso, un proceso que culmina en la síntesis, que es la máxima incandescencia a la que puede aspirar un escritor auténtico. 

  • El microcuento y su afán sugeridor
    Reseña

    El microcuento y su afán sugeridor

    André Cruchaga

    Jorge Canales (El Salvador, 1957) una de las voces relevantes de la poesía y el microcuento actual, ha merecido importantes reconocimientos dentro y fuera de El Salvador.…

El libro es una antorcha fulminante y un reverbero de fuegos concentrados, único en su juego y rituales, audaz con su encantamiento, encantador con sus jadeos verbales en el que además están expresadas con objetividad situaciones concretas y mecanismos psíquicos del escritor frente a su entorno.

El microrrelato —ya entrando en materia— obedece a la estética de la post-vanguardia, escritura que, a su vez, deviene del universo del simbolismo: la misma es un laboratorio de expresión con incursiones arriesgadas y fecundas en nuevos territorios, tal es la apreciación de Selena Millares (Del simbolismo al surrealismo: las prosas de las vanguardias hispánicas, Madrid, 2013). Es digno reconocer que el microrrelato fue el semillero del boom latinoamericano.

Más allá, sin duda, de cualquier aspiración estética y estilística, vemos en el libro no la mera obsesión por el lenguaje, ni siquiera la experimentación radical, sino la comunicación y la comunión con los demás. Es en realidad, una poesía narrativa que busca un interlocutor más que una torre de marfil que guareciera al poeta-narrador del resto del mundo. Me parece que su objetivo esencial es reflejar el estado de cosas de la realidad, sin soslayar sus sentimientos y emociones.

Si retrocedemos en el tiempo, y para ilustrar desde dónde viene el trabajo de Jorge Canales, debemos detenernos en algunas acotaciones que hace Irene Andres-Suárez, el origen del microrrelato en lengua española se remonta al movimiento estético modernista, caracterizado por una tendencia general hacia la depuración formal, conceptual y simbólica que afectó a todos los géneros literarios. 


Entre espectros de voces, Canales desova respuestas cíclicas, hastío de infatigables relojes y telarañas rotas.


Heredera del simbolismo y parnasianismo europeo, la estética modernista preconiza, entre sus principios, la búsqueda de la esencialidad y la renovación del lenguaje, lo que favoreció la astringencia textual, fundamental para la formación y desarrollo de la narrativa hiperbreve. Pero tal género no se desarrolló sino en la vanguardia. En Hispanoamérica, acota Andres-Suárez, el movimiento vanguardista adoptó diversas corrientes: el simplismo del peruano Alberto Hidalgo, el creacionismo del chileno Vicente Huidobro, el estridentismo del mexicano Manuel Maples Arce, el ultraísmo del argentino Borges y el nadaísmo del colombiano Gonzalo Arango.

Desde luego hay figuras totémicas en este género. Los más próximos en términos geográficos los encontramos en México: Las figuras totémicas de la tradición mexicana son José Arreola (Confabulario, 1952) y Augusto Monterroso (Obras completas (y otros cuentos, 1959 y La oveja negra y demás fábulas, 1969). Ambos presentan una fuerte inclinación al fragmentarismo y a las formas hiperbreves, así como a la reescritura de los motivos canónicos de la tradición. No en balde, la ironía verbal y situacional y la parodia genérica y específica son constantes que en Jorge Canales se dan con maestría.

Existe un narrador en tercera persona que observa y le da vida al curso de los acontecimientos, ensimismado en dejar constancia de realidades habituales del ser humano en el contexto social. Tomemos, para el caso, el microrrelato «El loco II», que literalmente dice: «En el Parque Colón, el loco arrastra latas, desprecios y muecas. Entre espectros de voces desova respuestas cíclicas, hastío de infatigables relojes y telarañas rotas. Cuerdo, perdió la luz de las manos; loco, encontró los pies para andar los laberintos de sus fantasmas.» Modo que combinado con un ocasional uso del singulativo o iterativo, siempre en un periodo sumamente limitado de la narración, permite que los personajes asuman momentáneamente proporciones exageradas o aspectos inusuales. En el caso de «Cosas del hambre», el autor nos plantea la vida tal cual se manifiesta, y no el mero concepto de vida, que nos ubicaría en un plano excesivamente diverso. Microcuentos hilvana una inconfundible indagación en la naturaleza humana subyugante que deriva en asombro; hay una exaltación a la clarividencia y a la precisión alucinante del lenguaje.


Canales recurre en muchos casos al absurdo, al no sentido de las cosas o la realidad.


Un microcuento es un cuento breve en el que la carga narrativa, más que mostrarse con palabras, tan solo se insinúa, sugiere, y es el lector quien debe no sólo completar la información con su conocimiento del mundo sino incluso trazar sus posibles significados, el desarrollo de la historia narrada o el desenlace del conflicto. En éste debe imperar la concisión. La sugerencia y la precisión extrema del lenguaje desecha lo innecesario; a menudo hace uso de la elipsis, lenguaje con doble sentido, desenlaces rápidos, concisión, intertextualidad, síntesis reveladora y condensada. En el microrrelato no se trata de narrar en pocas palabras sino simplificar; el humor y la ironía son elementos sustanciales y recurrentes. Por lo general el microcuento requiere que la sucesión de hechos use formas verbales en pretérito. 

En virtud de lo dicho, son muchas las vidas del cuento en las que los diversos cultores del mismo han sabido amoldarse a circunstancias cambiantes para seguir estructurando u organizando modos de pensar y producir realidades o alternativas a la narrativa dominante. Estos microcuentos son admirables por la libertad que ejerce el autor, prosa rica conceptualmente hablando y, sobre todo, por los elementos referenciales o alusiones, suspicacia que se convierte en eco. Además de ello, Canales recurre en muchos casos al absurdo, al no sentido de las cosas o realidad, tal es el caso: «En un bosque: las mariposas son mariposas, los búhos son búhos y las orquídeas son orquídeas. En la asamblea: las ratas son tacuazines, los gusanos son serpientes y los perros son gatos.» (Canales: «Faunadiversidad», 2025); en otros, al humor, visto como furor, sarcasmo que a su vez es manifestación de lo absurdo: «Aterrorizado por morir, se aterrorizaba vivir. Un día no le importó morir… decidió vivir.» (Canales: Decisión, 2025).

El menú, como Canales intitula este haz de microcuentos, es una compilación de historias más complejas y personales, en las que reflexiona sobre diversos acontecimientos de la condición humana; nos comparte una mirada lúcida sobre distintos aspectos cotidianos y redescubre en detalle lo que deambula en la calle con pormenores que tienen que ver con la psicología, las personas, los animales. Es un apasionado de los dilemas que delatan sensaciones de desamparo y espejismos que abaten al ser humano en sociedad, además de plantarse frente a las formas restrictivas de la escritura, del lenguaje que nos impone la cultura dominante. 


En el microcuento hay que destacar tres elementos: la brevedad, la transtextualidad y el fragmentarismo.
M.ª Isabel Larrea


Los microcuentos de Canales son una encarnación de lo vital, de la política y de la estética; desde lo cotidiano apuntala las contradicciones de un mundo que ronda su memoria; si nos atenemos a la verdad, lo único cierto es el absurdo, pues la vida está llena de un desorden revelador y sórdido. Su obra, caracterizada y arraigada en lo existencial, delata un manejo sintáctico robusto y rastrea como es debido «el abismo de las apariencias ocultas»; su lenguaje de concisión busca conscientemente el espejo como espacio silencioso e inevitable. Escribe: «No creo en Satanás vociferó, Juan, con martillo en mano. Seguidamente, cayó a sus pies una lluvia de fragmentos del espejo». (Canales, «El espejo», 2025).

Según María Isabel Larrea, en el microcuento hay que destacar tres elementos: la brevedad, la transtextualidad y el fragmentarismo para lograr la comprensión de este, su carácter narrativo incompleto y abierto y su ficcionalidad. Un lenguaje preciso, muchas veces poético, su final abrupto e impredecible, pero abierto a muchas interpretaciones. La brevedad, su carácter abierto, fundado en diversas estrategias y juegos retóricos. El uso de la paradoja, de la alegoría, de la fábula o de la parábola, las construcciones retóricas, metalepsis, elipsis, juegos de lenguaje, entre otros, son propias para el conjuro. 

Desde luego hay textos que inciden en una textualidad altamente connotativa, como es el caso de «Celina y Carolina»: «Estaba en una esquina de la Calle Arce, enredada con rituales de coyotes. Tenía catorce girasoles en sus pechos y mil abusos bajo su falda. Cuando transaba sus encantos, el grito: ¡Fuera de mi cuadra zorra!  trastornó su cara angelical de madreselva. En su retirada, en silencio, escupía maldiciones. No debía alzarle la voz a su madre». (Canales, 2025).  


La extrema brevedad es uno de los objetivos primordiales de un escritor de microcuentos


«El Rey de los perros era un perro escuálido con lengua grande. En una jaula tenía su jauría de muchas razas. La mayoría eran callejeros, ciegos, mudos o sordos con caninos, orejas, ojos y lenguas grandes. Odiaban a los animales que no admiraran a su rey. Una vez identificados, los destrozaban al primer ladrido del amo. El rey, después, les repartía huesos dependiendo de su raza y les cerraba la jaula». (Canales, 2025). En estos microcuentos de Canales, en consecuencia, su poder inferencial está activado desde las diversas relaciones textuales y transtextuales y que están en consonancia con todos los puntos de significación del texto: título, referencias con el contexto cultural del título, continuidad del relato supuesto después del también, supuesto diálogo, hipótesis y conjeturas a partir de los signos (rey, perros, jaula, jauría, raza, odio, amo, polisemia de las palabras, etc. 

Además de lo planteado, vivimos tiempos en el que la comunicación es breve. De ahí la importancia del relato corto o microcuento; conviene decir que las características similares entre cuento y microcuento son según Pacheco y Barrerra, la narratividad, la ficcionalidad, el afán de brevedad, la unicidad de concepción y la recepción; la intensidad de efecto, la economía, la condensación, el rigor y el uso de marcos y de esquemas de acción. 

Entre las características del microcuento hay algunas que se consideran definidoras de esta forma literaria y otras que no lo son tanto o que provocan más discusión, como es la brevedad. La extrema brevedad es uno de los objetivos primordiales de un escritor de microcuentos y como consecuencia de esta surgen otras características como la minuciosidad a la hora de elegir las palabras y la importancia del título. Canales, muy conocedor de estas características del género, nos dice: «En la oficina había un gato. No utilizaba las garras para matar, le bastaba la lengua». (Canales: «El gato», 2025). 


La obra de Canales es la muestra de una renovación de la literatura salvadoreña, gestación acaso de una nueva modernidad.


Si observamos, a la brevedad se suma el ritmo ágil y la precisión del lenguaje en el microcuento, lo que predispone al lector a una mayor participación en la construcción del sentido. El microcuento, de naturaleza eminentemente elíptica, no puede perder tiempo en dar explicaciones al lector y, en su rapidez, se resiste a la lectura fugaz y desechable propia de los textos de consumo rápido del mundo que vive de su presente histórico. De igual manera responde a un modo contestatario de cuestionar la realidad contemporánea, más allá de lo aparentemente inconcluso, tal como los muestra esta paradoja: «Convencido de no sufrir más, por falta de alimentos; un día decidió, con alegría, comer menos.» (Canales: «Dieta», 2025). Cada microrrelato deviene de situaciones concretas, la temática pretende ejemplificar algunas situaciones fundamentales de una realidad oscura y turbulenta, sin omitir las tendencias actuales de dicho género, tal como lo acota la investigadora Leticia Bustamante Valbuena. Las hay fantásticos, insólitos, alógicos o del mundo caótico, transculturales, parasimbólicos. 

Y para finalizar este recorrido, es oportuno expresar lo siguiente: la consolidación del microrrelato en el escritor Jorge Canales como género literario o, si se prefiere, como forma literaria diferenciada, se asienta sobre diversos agentes que han intervenido de manera decisiva en su canonización, han favorecido su difusión y han propiciado la investigación de su historia y de su conceptualización teórica. Contrario a lo que pueda creerse, la obra de Canales en este género es la muestra de una renovación de la literatura salvadoreña, gestación acaso de una nueva modernidad.

Barataria, El Salvador, marzo de 2025


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