Cultura

Ilustración: Luis Galdámez
Carlos Mejía Godoy:
Y el verbo se hizo canto
Carlos Mejía Godoy
Febrero 6, 2026
Carlos Mejía Godoy, el talentoso cantautor que conocemos por Son tus perjúmenes mujer y Nicaragua, Nicaraguita, hoy en el exilio de su patria querida, nos comparte su libro Y el verbo se hizo canto. Memorias, en el que presenta 50 canciones «con diversos ritmos, sabores, colores y texturas». Hoy los invitamos a esta mesa servida con una de esas 50 canciones, su letra y una historia relacionada para el recuerdo.
***
Misa Campesina
Canto de entrada
Letra y música: Carlos Mejía Godoy
Vos sos el Dios de los pobre
el Dios humano y sencillo
el Dios que suda en la calle
el Dios de rostro curtido
por eso es que te hablo yo
así como habla mi pueblo
porque sos el Dios obrero
el Cristo trabajador.
Vos vas de la mano con mi gente,
luchás en el campo y la ciudad
hacés fila allá en el campamento
para que te paguen tu jornal.
Vos comés raspado allá en el parque
con Eusebio, Pancho, Juan y José,
y hasta protestás por el sirope
cuando no te le echan mucha miel.
Vos sos el Dios de los pobres…
Yo te he visto en una pulpería
instalando un caramanchel
te he visto vendiendo lotería
sin que te avergüence ese papel.
Yo te he visto en las gasolineras
chequeando las llantas de un camión,
y hasta petroleando carreteras
con guantes de cuero y overol.
Vos sos el Dios de los pobres…
***
Nunca olvidaré aquella ocasión, cuando mi entrañable amigo, el padre Fernando Cardenal, me entotorotó para que me pusiera a crear una nueva misa nicaragüense. De hecho, ya existía la llamada Misa Popular, nacida en el fragor de las luchas sociales en los barrios orientales de Managua. Sin embargo, los sacerdotes y monjas más comprometidos con la opción preferencial por los pobres, sentían la necesidad de una misa más beligerante, acorde con lo que estaba viviendo Nicaragua y América Latina.
Debo confesar que, al salir de la reunión, sentí que estaba asumiendo uno de los retos más importantes de mi vida. Pero siempre dejaré clarito como el ojo-el-piche que, desde el inicio de esa hermosa aventura creativa, el desafío habría de ser una tarea colectiva. Y que todo el pueblo me iría soplando al oído, esa teología silvestre y descalza, que aflora libre y espontánea, en la palabra viva de la gente común: testimonios estremecedores que, grabadora en mano, fui pepenando, de barrio en barrio, de comarca en comarca, de pueblo en pueblo.
Recuerdo, como si fuera ayer, que, al llegar a mi casa, tomé un fólder nuevo y con grandes letras de molde escribí orgulloso: Misa campesina nicaragüense. Taller de Sonido Popular. Al abrir la carpeta, me quedaron mirando, desde su orfandad, las quince hojas de papel bond, como diciéndome: —¿Y nosotras qué rol jugamos en esto?
¿Por qué se me ocurrió lo del Taller de Sonido Popular? Porque desde siempre ese fue mi empeño: una tarea grupal en que no habría un protagonista.
De inmediato emborroné la primera cuartilla con un listado de personajes y sitios que debía entrevistar. Allí estaban la Parroquia de San Pablo Apóstol, la Pastoral del Norte, el padre Gregorio Smutko en la Costa Caribe y, para rematar, el Archipiélago de Solentiname, donde, —con todos los ingredientes recogidos grabadora en mano— habríamos de cocinar esta gran sopa que conocemos como La Misa Campesina Nicaragüense.
¿Por qué se me ocurrió lo del Taller de Sonido Popular? Porque desde siempre ese fue mi empeño: convocar a un grupo de colegas, poetas y cantores para asumir esta tarea grupal en la que nadie sería el protagonista. Desgraciadamente, quizás por la falta de experiencia en este campo, los aportes de los invitados fueron tan pobres que solamente uno, el genial Pablito Martínez —El Guadalupano— fue capaz de recoger el guante y escribir el bellísimo Canto de Meditación, que le ha dado la vuelta al mundo.
Aquella mañanita de septiembre de 1974 subí a la limita de Mancarrón, la isla más grande de Solentiname, donde el poeta trapense Ernesto Cardenal había fundado su comunidad, en comunión con la naturalez pródiga del Cocibolca. Desde allí se contemplaba un panorama paradisíaco, plasmado fielmente por los pintores primitivistas del archipiélago. Fui testigo de un combate fiero entre cinco güises y un gavilán. Felipe Peña, sin inmutarse, se rascó la barba incipiente y dijo como una sentencia:
—Así vamos a acabar con Somoza.
Y así fue.

«Y el verbo se hizo canto»
Carlos Mejía Godoy
Puede encontrarlo a la venta en
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Carlos Mejía Godoy y su esposa Xochitl Jiménez perdieron su casa y la mayoría de sus pertenencias por un incendio hace pocos días en Estados Unidos. Quienes quieran contribuir a la recolección de fondos para ayudarles, pueden hacerlo en este enlace:
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