Cultura

Ilustración: Luis Galdámez
Carlos Mejía Godoy:
Y el verbo se hizo canto
Carlos Mejía Godoy
Abril 3, 2025
Carlos Mejía Godoy, el talentoso cantautor que conocemos por Son tus perjúmenes mujer y Nicaragua, Nicaraguita, hoy en el exilio de su patria querida, nos comparte su libro Y el verbo se hizo canto. Memorias, en el que presenta 50 canciones «con diversos ritmos, sabores, colores y texturas». Hoy los invitamos a esta mesa servida con una de esas 50 canciones, su letra y una historia relacionada para el recuerdo.
***
Credo
Letra y música: Carlos Mejía Godoy
Creo Señor firmemente
que de tu pródiga mente
todo este mundo nació
que de tu mano de artista
de pintor primitivista la belleza floreció
Las estrellas y la luna
las casitas las lagunas
los barquitos navegando
sobre el río rumbo al mar
los inmensos cafetales
los blancos algodonales
y los bosques mutilados
por el hacha criminal
Creo en vos
arquitecto ingeniero
artesano carpintero
albañil y armador
Creo en vos
constructor del pensamiento
de la música del viento
de la paz y del amor
Yo creo en vos Cristo obrero
luz de luz y verdadero
unigénito de Dios
que para salvar al mundo
en el vientre humilde y puro
de María se encarnó
Creo que fuiste golpeado
con escarnio torturado
en la cruz martirizado
siendo Pilatos Pretor
el romano imperialista
puñetero y desalmado
que lavándose las manos
quiso borrar error
Creo en vos …
Yo creo en vos compañero
Cristo humano Cristo obrero
se la muerte vencedor
con tu sacrificio inmenso
engendraste al hombre nuevo
para la liberación
Vos está resucitando
en cada brazo que se alza
para defender al pueblo
del dominio explotador
porque estás vivo en el rancho
en la fábrica en la escuela
creo en tu lucha sin tregua
creo en tu resurrección
Creo en vos…
***
Uno de los retos más importantes, a la hora de asumir el compromiso de crear La Misa Campesina, fue el Credo. En la hoja de papel, donde emborroné las primeras ideas, puse bajo el título un pequeño comentario que delataba mi optimismo: —Voy que me buja el pelo, porque esta parte tiene mucha carnita. Y precisamente, al encontrarme ya en el ambiente mágico de Solentiname, empecé por imaginarme el génesis del mundo, con esa explosión de colores que brotaba, de los pinceles de los pescadores y campesinos del archipiélago.
Recuerdo, como si fuera ayer, la sorpresa que se llevó doña Justa, una viejita cocinera de Mancarrón, cuando —después de la misa dominical, celebrada por el P. Ernesto Cardenal— fue llamada al altar por el propio poeta. Laureano Mairena dijo:
—Está cocinando, la vamos a llamar para que venga. Al rato apareció con su delantal blanco.
—¡Tome, doña Justa! —expresó Ernesto— aquí tiene estos rialitos. Quiero que sepa que su cuadro, inspirado en el amanecer de Solentiname, fue vendido a un profesor de la Universidad de Frankfurt en Alemania. Cuéntelos bien, son quinientos dólares.
Con una gran sencillez, pero con los ojos llenos de lágrimas, la humilde cocinera tomó temblorosa el sobre y sin asomarse a contar el dinero, se lo metió en el buche.
—Para mi nieto, que está hospitalizado en Los Chiles, porque lo picó una cascabel. Dios sabe lo que hace.
Y el hombre más «carceleado» en la historia durante el somocismo (…) chasqueó los dedos diciendo: —Entonces, qué esperás, Carlitós,¡caimanes al estero!
Tuve curiosidad por conocer el cuadro que había pintado esa señora, ya que había cumplido setenta años. William Agudelo me enseñó la diapositiva. Y, efectivamente, aquel óleo parecía inspirado en el primer día de la Creación. Por eso, insisto: Si el Credo no hubiese sido escrito en aquella isla paradisíaca de Mancarrón, quizás no habría comparado el nacimiento del mundo con la invención de un cuadro primitivista.
Nunca olvidaré cuando una mañana soleada del año 1974 me llegó una carta firmada por Francisco Cedeño, músico, compositor y orquestador de prestigio. Pancho me enviaba, de su puño y letra, una serie de ideas que yo aliñé en la segunda estrofa de este canto. Sin el aporte singular del colega, el Credo hubiese tomado otro camino.
El resto de la letra fue naciendo al calor de los comentarios que los pobladores de la isla hacían después que Ernesto Cardenal leía un fragmento del Nuevo Testamento. Todos estos testimonios, que impactaron al famoso poeta y escritor Julio Cortázar, están contenidos en el libro El Evangelio de Solentiname.
El nacimiento del estribillo o coro, lo escribí en Managua y tiene mucho que ver con el heroico trabajo de construcción. Por eso, en una actividad en la que se encontraba el legendario líder sindical Domingo Sánchez Salgado, le dije, con el respeto de siempre:
—Chagüitillo, siempre que canto el Credo, me remonto al SCAAS (Sindicato de Carpinteros, Albañiles, Armadores y Similares).
Y el hombre más «carceleado» en la historia durante el somocismo, con sempiterno humor, chasqueó los dedos diciendo:
—Entonces, qué esperás, Carlitós, ¡caimanes al estero!

«Y el verbo se hizo canto»
Carlos Mejía Godoy
Puede encontrarlo a la venta en
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Carlos Mejía Godoy y su esposa Xochitl Jiménez perdieron su casa y la mayoría de sus pertenencias por un incendio hace pocos días en Estados Unidos. Quienes quieran contribuir a la recolección de fondos para ayudarles, pueden hacerlo en este enlace:
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