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20 de marzo, marcha en Villa Crespo, Buenos Aires, de cara al 50° aniversario del golpe militar. | Foto: Ansa
Argentina: los hijos de los torturadores repudian a sus padres y rompen el silencio
Texto: Marta Facchini
Publicado en Il Manifesto, marzo 22 de 2026
https://ilmanifesto.it/argentina-i-figli-dei-torturatori-ripudiano-i-padri-e-rompono-il-silenzio
Abril 3, 2026
Cincuenta años después, el colectivo «Historias Desobedientes» reúne a familias de militares involucrados en los horrores de la dictadura y que jamás se han arrepentido. Y exigen justicia.
La desobediencia como ruptura del «pacto del silencio». Para quienes supieron que su padre o abuelo había cometido crímenes de lesa humanidad durante la dictadura cívico-militar argentina, desobedecer significa no ser cómplice de sus propias familias.
«Nuestros padres fueron responsables de violencias y abusos y nunca se arrepintieron de lo que hicieron. Nosotros exigimos verdad y justicia por los crímenes que cometieron». Gonzalo Fichera y Bibiana Reibaldi son miembros de «Historias Desobedientes»: el colectivo que reúne a hijos y familiares de militares y agentes involucrados en la dictadura cuya herencia rechazan públicamente.
Fundado en 2017 durante el gobierno del presidente de derecha Mauricio Macri, la organización nace como reacción a un «contexto de impunidad»: con la ley del beneficio del 2×1, que finalmente se declaró inaplicable, se intentaba reducir los años de detención para quienes habían pasado un período en prisión sin sentencia firme. «Hoy el gobierno del presidente Javier Milei está retrocediendo. Niega la historia, estamos totalmente en contra de las posiciones que asume. Frente al revisionismo que propone, es importante defender la memoria. El 24 de marzo, aniversario del golpe de Estado que dio inicio a la dictadura, participaremos en la marcha nacional que se realiza en Buenos Aires», añaden Fichera y Reibaldi.
«Historias Desobedientes» no es el único colectivo que agrupa a personas que han decidido no reconciliarse con sus familiares opresores. En Argentina, desde 2018, han surgido diversas organizaciones, como «Asambleas Desobedientes» y «Ex Hijxs»: espacios donde contar la propia experiencia, la vergüenza o el sentimiento de culpa que se puede experimentar, y afrontar juntos los «costos» de hablar, como los conflictos con la familia. Quienes han decidido alejarse de sus padres, a menudo lo han hecho rompiendo también los vínculos con otros miembros de la familia. Se les ha dicho que no entienden o que han sido influenciados. Algunos han decidido cambiarse el apellido.
«Cuando rompí el vínculo con mi padre, suboficial del Ejército, mi madre y mis hermanos dejaron de hablarme», cuenta Lydia Lukaszewicz, actriz, integrante de «Asambleas Desobedientes». «Era un hombre violento —continúa—, cínico. Desde pequeña, sabía que los desaparecidos estaban muertos por lo que él contaba. Una vez le pedí información sobre una chica desaparecida en el Pozo de Banfield. Quería ayudar a una persona que buscaba a su hija».
Rompiendo el «mandato» familiar, los «ex» hijos e hijas se presentan como sujetos políticos que eligen no ser cómplices.
Ubicado en la provincia de Buenos Aires, el Pozo de Banfield fue uno de los principales centros clandestinos de detención durante la dictadura. «Me respondió que todas las mujeres que pasaban por ahí estaban embarazadas, y luego cambió de tema».
Durante el régimen, los hijos nacidos de mujeres detenidas eran arrebatados a sus madres y entregados ilegalmente a familias de militares que los criaban sin revelar su identidad. «Esperaba que algún día se arrepintiera, que dijera todo lo que sabía, pero no ocurrió. La vergüenza me mantuvo callada, pero hay que romper el silencio. No se debe callar ante las injusticias, aunque se trate de tu padre, tu tío o tu abuelo. Los lazos de sangre no justifican el respeto hacia quien hace daño», concluye Lukaszewicz.
Rompiendo el «mandato» familiar, los «ex» hijos e hijas se presentan como sujetos políticos que eligen no ser cómplices. «Enfrenté a mi padre, médico del Ejército, después de leer una denuncia que lo mencionaba: se hablaba de 24 mujeres que habían dado a luz con capuchas y atadas en el hospital militar donde trabajaba. Fue devastador para mí, en ese momento estaba cursando un embarazo. Él no lo negó y dijo: “No eran tantas”. Para mí fue un punto de quiebre, nunca más volví a hablarle», relata Stella Duacastella, psicóloga y escritora.
«Es difícil levantar la voz en una familia que esconde todo esto. Sola, no sabés qué hacer. Ser parte de un grupo me ayudó a sostener ese peso. A menudo nos preguntamos si hablar públicamente generaría sufrimiento. Es difícil hacerlo, algunos no quieren o no pueden», añade Duacastella. La primera vez que marchó con los demás integrantes de «Asambleas Desobedientes» con la bandera de la organización, tuvo miedo de que los echaran. «En cambio, nos abrazaban, se conmovían, lloraban. No puedo olvidarlo».
Los desobedientes acompañan a quienes quieren investigar sobre su familia, a quienes tienen dudas y no saben cómo afrontar lo que están atravesando. «Recibimos muchos mensajes de personas angustiadas. Algunos han vivido experiencias traumáticas y violentas en sus familias. Tratamos de ayudar, organizamos encuentros para escucharlas», dice Natalia Dopazo, arquitecta.
Los activistas de «Asambleas Desobedientes» han abierto un sitio web* para acompañar a quienes buscan información sobre sus familiares: crearon un procedimiento para facilitar la búsqueda de documentos de sentencias o información relevante sobre los juicios por lesa humanidad, iniciados en los años noventa cuando Argentina regresó a la democracia.
«Lograr tomar distancia es difícil», continúa Dopazo. Tras reconstruir las responsabilidades de su abuelo, militar, decidió romper el vínculo. «El colectivo te sostiene como nadie más puede hacerlo, te acompaña con afecto. Luego, con el tiempo, empezás a sentirte aliviada».
* www.desobedecer.org
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