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Internacionales

Manifestación nacionalista en Buenos Aires, Argentina – Foto AP

Las miras israelíes sobre América Latina

Texto: Claudia Fanti
Publicado en Il Manifesto, septiembre 23 de 2026
https://ilmanifesto.it/le-mire-israeliane-sullamerica-latina

Octubre 2, 2026

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El ascenso de gobiernos conservadores y de derecha en América Latina está abriendo a Israel nuevos y amplios márgenes de maniobra estratégica, militar y económica en la región.

La ola negra que está arrasando América Latina le regala a Israel nuevos –e impensables hasta hace poco– márgenes de maniobra.

Lenta y persistente parece, por ejemplo, la incursión de colonos y soldados israelíes en la Patagonia, donde el gobierno de Netanyahu, a través del embajador en Argentina Eyal Sela, anunció en julio el inicio oficial de los trámites burocráticos para abrir un consulado israelí en Ushuaia, que cubrirá, además de las Malvinas, otros dos puntos de gran importancia geoestratégica: Tierra del Fuego y la Antártida argentina.

Que el sionismo tiene raíces históricas profundas en el país es bien sabido: no en vano Theodor Herzl, el fundador del sionismo político, había considerado a la Argentina –que hoy alberga la comunidad judía más numerosa de América Latina y una de las principales del mundo– como una posible alternativa a Palestina para fundar un Estado para los judíos perseguidos.

Sin embargo, es bajo el gobierno de Javier Milei, que se ha jactado de ser «el presidente más sionista» del continente, cuando las relaciones entre los dos países se han vuelto «carnales», por citar la célebre expresión que usó Menem para referirse al vínculo con Estados Unidos. Así lo indica, entre muchas otras cosas, la firma por parte de Netanyahu y Milei, el 20 de abril pasado en Jerusalén, de los Acuerdos de Isaac: un pacto, según el modelo de los Acuerdos de Abraham entre Israel y los países árabes, orientado a reforzar la cooperación entre Israel, Argentina y países afines del hemisferio occidental en defensa de la libertad y de la «democracia».

Fuerte y extendida es también la presencia de la compañía nacional de aguas de Israel, Mekorot –la misma que niega sistemáticamente el acceso al agua a las comunidades palestinas–, que ha ampliado su presencia a doce provincias del país, a las que, en la más total opacidad, presta asesoría para el desarrollo de planes de gestión del agua. Y no solo eso: en América Latina Mekorot ha extendido sus tentáculos también a Paraguay –que bajo el gobierno de Santiago Peña abrió su embajada en Jerusalén–, a Panamá –que ni siquiera reconoce al Estado de Palestina y mantiene con Israel relaciones estrechísimas–, a Uruguay, a México, a Colombia y a Bolivia.

Si la Argentina de Milei probablemente no tiene rivales, un lugar de absoluto relieve entre los aliados de Netanyahu lo ocupa sin duda Guatemala, uno de los primerísimos países en reconocer oficialmente al Estado de Israel y el segundo, después de Estados Unidos, en trasladar su embajada a Jerusalén. Una amistad correspondida por Tel Aviv –que ya había sido el primer proveedor de armas de Chile y Argentina durante las dictaduras militares– con el apoyo al genocidio indígena cometido bajo el gobierno de Efraín Ríos Montt: detrás de, por ejemplo, la masacre de 201 civiles perpetrada por las fuerzas especiales del ejército guatemalteco entre el 6 y el 8 de diciembre de 1982 en la aldea de Las Dos Erres, en el departamento de Petén, hay entrenamiento y apoyo logístico israelíes. En suma, una alianza solidísima entre los dos países, que se consolidó aún más con la firma, en 2024, de un Tratado de Libre Comercio.

Y excelentes, desde los tiempos del apoyo a la junta militar en los años 70 y 80, son también las relaciones con El Salvador, cuyo presidente-dictador Nayib Bukele es un ferviente admirador de la «democracia» israelí.

Sin embargo, lo que indica hasta qué punto es profundo el interés de Israel por América Latina es en particular el Hondurasgate, el escándalo estallado en abril tras la publicación, por parte del diario digital Diario Red, de más de 300 audios de WhatsApp, Signal y Telegram intercambiados por Juan Orlando Hernández (el expresidente de Honduras a quien Trump concedió el indulto tras su condena en Estados Unidos a 24 años de prisión por narcotráfico) con el actual presidente Nasry Asfura.

Así salió a la luz que detrás de la liberación de JOH había un plan orquestado por Estados Unidos e Israel para «atacar y extirpar el cáncer de la izquierda de Honduras y de toda América Latina» y convertir al país en una base propia de operaciones militares, logísticas y económicas, además de en la plataforma de una estrategia comunicativa dirigida contra México y Colombia. Que quien financió el regreso de JOH a Honduras fue Israel parece haberlo confirmado el propio Hernández en un audio del 20 de enero pasado: «El primer ministro israelí nos va a dar el apoyo. Le estamos muy agradecidos, todo esto tuvo mucho que ver con ellos. De hecho, tuvo todo que ver con ellos».

Un escándalo que arroja una luz distinta sobre las reiteradas acusaciones de Gustavo Petro a Israel –hasta ahora, sin embargo, no adecuadamente fundadas– no solo de haber orquestado, a través de una empresa de ciberseguridad identificada como BlackCore, una operación masiva dirigida a influir en el electorado con el uso de 500.000 bots, sino también de haber manipulado y hackeado las elecciones presidenciales para favorecer la victoria de Abelardo de la Espriella. Un objetivo, en cualquier caso, alcanzado a la perfección, como indica el reconocimiento por parte de Colombia –solo Estados Unidos había llegado tan lejos– de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán y la eliminación de la obligación de visado para los ciudadanos de ambos países a partir del 1 de septiembre, en dirección al pleno restablecimiento de las relaciones diplomáticas y económicas.

Pero también se registran señales de fuerte deshielo, con la reactivación de los servicios consulares, con Venezuela, donde, con ocasión del doble terremoto del 24 de junio, Israel había enviado una delegación compuesta por especialistas de las fuerzas de defensa, rescatistas e ingenieros estructurales que luego, a petición expresa de la presidenta interina Delcy Rodríguez, prolongó incluso por dos semanas su permanencia en el país para contribuir al inicio del plan nacional de reconstrucción elaborado con las autoridades locales. Un agradable diversivo, después de tantas fatigosas demoliciones de casas palestinas.


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