Cultura

Ilustración: Luis Galdámez
Carlos Mejía Godoy:
Y el verbo se hizo canto
Carlos Mejía Godoy
Agosto 7, 2026
Carlos Mejía Godoy, el talentoso cantautor que conocemos por Son tus perjúmenes mujer y Nicaragua, Nicaragüita, hoy en el exilio de su patria querida, nos comparte su libro Y el verbo se hizo canto. Memorias, en el que presenta 50 canciones «con diversos ritmos, sabores, colores y texturas». Hoy los invitamos a esta mesa servida con una de sus canciones más significativas.
***
Comandante Carlos
Letra y música: Carlos Mejía Godoy
Poseídas por el dios de la furia
y el demonio de la ternura
salen de la cárcel mis palabras
hacia la lluvia
Y sediento de luz te nombro hermano
en mis horas de aislamiento
vienes derribando los muros de la noche
nítico inmenso.
Comandante Carlos Carlos Fonseca
tayacán vencedor de la muerte
novio de la patria roja y negra
Nicaragua entera te grita: presente
Comandante Carlos, Carlos Fonseca
tacayacán, vencedor de la muerte
novio de la patria roja y negra
Nicaragua entera te grita: «presente»
Cuando apareciste llegaste a nosotros
con tus ojos miopes asules intensos
fuiste desde entonces el hermano
terco, indeclinable, sempiterno
Fuiste mecanógrafo hormiga martillo
y al día siguiente de nuestro encuentro
vimos tus letreros subversivos
en todos los muros…
Una bala en la selva de Zinica
penetró en tu recio rorazón de santo
y estalló tu sangre en nuestras vidas
como una gigante bomba de contacto
Desbordante de amor hacia los hombres
trinitaria roja tu pecho desnudo
tus ojos azules generosos
apuntando firmes hacia el futuro
Comandante Carlos…
Cuando los afiches del tirano
sean insepultas huellas de la escoria
cuando los traidores y cobardes
sean referencias de una vieja historia
Las generaciones venideras
de la Nicaragua libre y luminosa
van a recordarte eternamente
con tu carabina disparando auroras.
Comandante Carlos…
***
Nunca lo conocí. Ni siquiera tuve el privilegio de verlo de lejos, como vi a tantos dirigentes, tomando la palabra en los mítines, en las movilizaciones estudiantiles, en plena calle frente a los fusiles de la Guardia Nacional, o en la clandestinidad.
Pero su nombre me caló desde siempre. Su figura fue tomando aristas de leyenda cuando Novedades —el diario oficial de la dinastía— celebraba en sus titulares sus mil y una muertes. De manera que, cuando realmente lo mataron, su espíritu resurrecto seguía caminando por todo los caminos de la Patria.
Aquella mañana caía una lluvia pertinaz sobre Managua. Un chavalo chelito, con la cara repleta de espinillas, era mi correo clandestino. Leí en sus ojos la verdad: —Ahora sí, compa. ¡Cayó el tayacán! Cuando se alejó, dejándome un papelito enviado por mi responsable, me quedé abatido en aquel pequeño cubículo de la Publicidad Carlos Cuadra Cardenal.
Sobre mi mesa de trabajo creativo me quedaron viendo estupefactas dos frases, para estructurar el nuevo jingle de Café Soluble. Las metí en un fólder y busqué una hoja en blanco, en la que —después de quemarme las neuronas— sólo atiné a escribir:
—Tayacán vencedor de la muerte. Novio de la patria rojinegra…
Carlos selló con su muerte toda una vida repleta de esa integridad sin mácula, que hoy (…) extrañamos tanto.
Dos años más tarde, me encontré en Panamá con Tomás Borge en aquel cómodo apartamento de la señora Margarita Remón, situado en el quinto piso de un edificio frente al mar. Conversamos más de cinco horas. Y uno de los temas centrales fue la canción para el Hermano Mayor. Por fortuna, en aquella casa de seguridad había un piano en perfectas condiciones. Allí nacieron: El Himno de la Unidad Sandinista, El zenzontle pregunta por Arlen y las primeras estrofas de los sería mi elegía musical para Carlos Fonseca.
Por rigor histórico, pero, sobre todo, por la honradez en mi trayectoria como trovador, debo confesar que, para escribir este canto, dedicado al fundador del FSLN, fueron imprescindibles algunas frases del comandante Tomas Borge, que espulgué de su escrito El amanecer dejó de ser una tentación. En ese sentido, y en toda circunstancia, jamás he dejado de afirmar que Tomás fue el cómplice más entusiasta en esa apasionante tarea.
En definitiva, me siento profundamente orgulloso de haber contribuido a rescatar del olvido a la figura de quien sigue siendo, para mí y muchos nicaragüenses, el referente más vivo y vigoroso del auténtico revolucionario: piedra de la misma cantera de nuestro General de los Hombres libres.
Carlos selló con su muerte toda una vida repleta de esa integridad sin mácula, que hoy —en este momento crucial de nuestra historia— extrañamos tanto. Justamente, cuando nuestra querida Nicaragua va cayendo inexorablemente en un fatal despeñadero.

«Y el verbo se hizo canto»
Carlos Mejía Godoy
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