Cultura

Ilustración: Luis Galdámez
Carlos Mejía Godoy:
Y el verbo se hizo canto
Carlos Mejía Godoy
Noviembre 6, 2026
Carlos Mejía Godoy, el talentoso cantautor que conocemos por Son tus perjúmenes mujer y Nicaragua, Nicaragüita, hoy en el exilio de su patria querida, nos comparte su libro Y el verbo se hizo canto. Memorias, en el que presenta 50 canciones «con diversos ritmos, sabores, colores y texturas». Hoy los invitamos a esta mesa servida con una de estas canciones más cantadas y conocidas.
***
Son tus perjúmenes mujer
Recopilación: Los bisturices armónicos
recreación: dr. wilfredo álvarez
Son tus perjúmenes mujer
los que me sulibeyan
los que me sulibeyan
son tus perjúmenes mujer
Tus ojos son de colibrí
ay cómo me aleteyan
ah cómo me aleteyan
tus ojos son de colibrí
Son tus perjúmenes…
Tus labios pétalos de flor
cómo me soripeyan
cómo me soripeyan
tus labios pétalos de flor
Son tus perjúmenes…
Tus pechos cántaros de miel
cómo reverbereyan
cómo reverbereyan
tus pechos cántaros de miel
Son tus perjúmenes…
Tu cuerpo chúcaro mi bien
ay cómo me almareya
ay cómo me almareya
tu cuerpo chúcaro mi bien.
***
Tuve el privilegio de ser amigo de tres eminentes médicos nicaragüenses: César Zepeda, gastroenterólogo; César Ramírez Fajardo, pediatra y escritor; y Wilfredo Álvarez, patólogo, pintor y músico; diletantes del acervo musical nicaragüense y, sobre todo, seriamente preocupados por el rescate de nuestro folklore. Cierto día, antes del terremoto del 72, decidieron formar un trío. Y así nacieron los míticos Bisturices Armónicos.
Según relata Wilfredo, chinandegano de cepa, en una de sus correrías allá por Tonalá, municipio de Puerto Morazán, conoció a una adolescente, quien padecía de una dolencia cerebral congénita. A pesar de los problemas en el habla, la niña campesina articulaba los versos de una antigua canción, que aprendió de sus abuelos.
Como buen catador de la cultura popular, el joven galeno paró la oreja y preguntó a los viejitos de la comunidad si sabían alguna letra de dicha tonada. Me imagino que, de boca en boca, de verso en verso, Wilfredo fue armando las estrofas, cuatro piropos metafóricos, inspirados en cuatro atributos de la belleza femenina: los ojos, la boca, los pechos y el cuerpo.
Como posiblemente ocurrió con la Palomita guasiruca, recopilada por el genial creador Erwin Krüger, no debemos extrañarnos si —como el autor de Barrio de Pescadores— el Dr. Álvarez añadió al corpus original, alguna frase o adjetivo de su imaginación. Hago esta observación con todo respeto, a propósito de diversos comentarios que, a nivel de cuecherío banal, surgieron a raíz del éxito internacional de esta pieza.
Por mi parte, siempre he declarado, hasta la saciedad, que no soy el autor de esta canción. Y, para demostrar con absoluta transparencia lo que afirmo, los invito a que hurguen «con lupa» mis diversas publicaciones y lean la información y créditos que aparecen, en letra pequeña, bajo el título. Y si quedan dudas, basta que se dirijan a la Sociedad General de Autores de España (SGAE) y a la editora APRIL MUSIC. Aún estará vivo el acápite, en el que «me niego a firmar el contrato, si no se reconoce la fuente de la recopilación: Los Bisturices Armónicos. Yo los invito a que busquen en Wikipedia o YouTube lo que publican las disqueras, cuando graban temas anónimos como Duerme mi niño y La Adelita, para citar dos ejemplos. Lo único que aparece es: anónimo, folklore, dominio público, etc. Es más, ni siquiera citan el país de donde procede dicho canto.
Y, precisamente, por ese libertinaje universal, ocurren situaciones como el lamentable caso de don Lupillo Rivera, multimillonario cantante angelino, de origen mexicano. Cuando un modesto cantor nicaragüense le solicitó de manera ponderada que, por fidelidad a la fuente, cantara Los Perjúmenes… sin alterar el texto original, hecho un energúmeno y con la arrogancia de su inmenso poder económico declaró: —Yo no tengo por qué recibir lecciones de un desconocido cantante centroamericano. Y, para abreviar y ahorrarme disgustos, que distraen de mis responsabilidades —agregó Lupillo—, ahorita mismo tiro a la basura esos discos.
Pero, gracias a esa lucha ética vehemente y sostenida, sin la menor intención de contaminarla con intereses económicos, logré que el arrogante cantante colocara en su lugar la estrofa mutilada. Y, como era de esperarse, él aprovechó el contenido del verso secuestrado, para hacer un video erotoide y ramplón.
Agradezco a María Celeste, bella y talentosa presentadora de Al rojo vivo, por permitirme demostrar en su programa, que la dignidad de nuestro patrimonio musical está más allá de la codicia extrema de los ídolos con pies de barro.

«Y el verbo se hizo canto»
Carlos Mejía Godoy
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