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Opinión

Ilustración: Luis Galdámez

La renuncia a ser informados en la sociedad de la fascinación 

Texto: Guillermo Mejía

Julio 3, 2026

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Es un hecho que los medios de comunicación tradicionales (radio, prensa escrita y televisión) van siendo sustituidos por las redes sociales y plataformas de video, aunque eso no significa que el crecimiento de estos espacios novedosos se relacione con méritos propios cuando hablamos de información, ya que hay personas que renuncian al consumo de noticias. 

Esas redes sociales y plataformas de video, con relación a las noticias, experimentan un auge por el declive de las fuentes informativas offline, es decir, las fuentes informativas tradicionales citadas, como bien ilustra el Digital News Report 2026, elaborado por Reuters Institute tras una investigación en 48 países y cien mil consultas a receptores en línea.

«¿A qué alternativas recurrirá la gente cuando deje de consumir un medio? Lamentablemente, no podemos responder esto a partir de nuestros datos transversales. Sin embargo, conviene enfatizar que no necesariamente se sustituye una opción por otra», afirma el investigador Richard Fletcher. «Si bien las redes sociales y las plataformas de video se transforman en la fuente informativa más utilizada en varias partes del mundo, se debe menos a su crecimiento y más a la caída de otras variantes. Es posible que la gente se conforme con un repertorio más reducido, y algunos tal vez abandonan por completo las noticias», añade.

La crisis es tal que, por ejemplo, en el grupo que solía usar la TV para informarse semanalmente, pero dejó de hacerlo, un 9% ya no recurre a ninguna de las alternativas que se plantean los investigadores (prensa escrita, radio, podcast, redes sociales, chatbots de IA y sitios web o aplicaciones de distintos medios).

«Este escenario forma parte de una tendencia que hemos documentado en estudios anteriores, según la cual una minoría pequeña pero significativa en todos los mercados ya no usa ninguna fuente informativa. Se trata de un declive estructural y general en el consumo de noticias, y no sólo del auge y la caída de determinados medios», advierte Fletcher.

Aunque El Salvador no fue parte de los países que abarcó el estudio de Reuters Institute, datos arrojados por encuestas realizadas por el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana (UCA) desde 2019 —año del arribo de Nayib Bukele al poder— hasta el presente, ayudan a explicar el fenómeno en el caso salvadoreño.


Los datos muestran un incremento de la renuncia a ser informado, así como la crisis de los medios de comunicación tradicionales.


En 2020, el primer año de Bukele, al consultar a la gente sobre la frecuencia de consumo de noticias en los medios de comunicación nacionales, los resultados fueron: Siempre 74.1%; una o dos veces por semana 16.4%; rara vez 8.4%; y nunca 1%. Y cuando preguntaron solo a los que consumen noticias sobre el medio de preferencia, los datos registraron: Redes sociales 57.3%; televisión 29.4%; periódicos digitales 11.6%; periódicos impresos 0.8%; y radios 0.8%.

En 2026, el séptimo año de Bukele, al consultar sobre la frecuencia de consumo de noticias en los medios de comunicación nacionales, los resultados fueron: Siempre 35.7%; una o dos veces por semana 21%; rara vez 29%; y nunca 14.3%. Y cuando preguntaron solo a los que consumen noticias sobre el medio de preferencia, los datos fueron: Redes sociales 57.7%; televisión 32.6%; periódicos digitales 5%; periódicos impresos 1.8%; radios 2.8%; otro medio 0.1%.

Los datos registrados muestran cambios en la recepción mediática. Hay reducción en la frecuencia de consulta y las redes sociales desplazan otros espacios, pero se incrementó la renuncia a ser informado. Es obvia la crisis de los medios de comunicación tradicionales, en especial por caída de audiencia o ausencia de publicidad y propaganda pagadas.

Los investigadores del Reuters Institute afirman que los diarios experimentan una profunda declinación estructural, impulsada por bajas tasas de adopción y de retención en cuanto a audiencias; en el caso de la radio, el factor clave es la baja adopción, mientras que en la televisión se trata de un problema de retención.

«Si bien la mayoría de la gente ha consumido semanalmente noticias por TV en algún momento de su vida, una gran cantidad ha dejado de hacerlo y el derrumbe se debe especialmente a la incapacidad de retener al público joven. Para muchos, las noticias por TV ya no son opción, mientras que los periódicos y la radio tal vez nunca lo hayan sido», señala Fletcher.

Luego advierte: «Los adultos jóvenes de hoy envejecerán, pero nuestros datos indican que es poco probable que adopten los hábitos informativos de las generaciones anteriores. Los mayores no consumen más medios tradicionales sólo por su edad, sino porque fueron socializados según un conjunto específico de patrones y preferencias».


Absorbidos por el consumo y el entretenimiento (…), parece que no queda el mínimo espacio para hacer reflexión crítica acerca de lo que acontece.


«De nuestra investigación surge que relativamente pocos jóvenes han crecido con el hábito de leer periódicos y escuchar radio. Es posible que se haya desmoronado por completo la reproducción social de las audiencias de los periódicos y la radio. Y aunque muchos jóvenes sí han adquirido la costumbre de consumir noticias por TV, hay señales claras de que se trata de un vínculo menos duradero en comparación con las generaciones previas», recalca.

Si hacemos una relación de esas conclusiones con lo que observamos en la realidad con respecto al papel crítico que deben jugar los ciudadanos —y receptores de medios—, se puede inferir el éxito rotundo de la manipulación de las corporaciones del algoritmo y los políticos que le apuestan al alejamiento de los individuos de su compromiso político en la sociedad.

Absorbidos por el consumo y el entretenimiento a través de una serie de artefactos sofisticados de nuevo tipo, parece que no queda el mínimo espacio para hacer reflexión crítica acerca de lo que acontece, así como sobre el ejercicio del poder por parte de políticos que manipulan y propugnan por el embobamiento colectivo. Los expertos en la «trampa digital» hacen de las suyas. 

De esa manera, al deterioro de la condición ciudadana se une el deterioro de la esfera pública, reconocido espacio de participación ciudadana, de debate e intercambio de ideas en función del bienestar colectivo de cara al poder. Los medios profesionales y la información de calidad, que juegan un papel determinante en su fortalecimiento, también están a la baja.

La comunicadora Valery Taborda Vargas, coordinadora de Canales Sociales de la Fundación Gabo, señala que «una parte significativa de las personas se siente abrumada por el exceso de información e incluso evita activamente las noticas. Sin embargo, esto no las aleja de las plataformas digitales: según GlobalWebIndex, tienden a refugiarse en contenidos ligeros o emocionales, más alineados a sus intereses. En ese sentido, la saturación no reduce el consumo, sino que lo reconfigura».


Las audiencias necesitan comprender lo que ocurre a su alrededor.


Taborda explica que esta «hiperconexión selectiva», marcada por algoritmos que priorizan la inmediatez, la afinidad y las emociones, termina filtrando la realidad en fragmentos que no siempre permiten comprenderla. Así, mientras las audiencias permanecen activas en las plataformas, su capacidad de construir una lectura coherente de la realidad se erosiona.

La experta en comunicación digital reivindica al periodismo profesional como una vía para ofrecer información relevante, rigurosa y significativa en medio del ruido digital y del predominio del entretenimiento en redes sociales, ya que la búsqueda de información sigue siendo necesaria. Las audiencias necesitan comprender lo que ocurre a su alrededor.

Sin embargo, según afirma, en la práctica algunas dinámicas del entorno digital han llevado a ciertos medios de comunicación a reproducir contenidos que desconectan más de lo que informan y que priorizan la atención sobre el sentido; es decir, la viralidad sobre el contexto.

Taborda Vargas concluye: «Esto se refleja en prácticas como el uso de herramientas de IA para especular sobre escenarios sin sustento informativo, como preguntarle a un chatbot cómo sería una situación, un lugar o el destino de una figura pública; la reducción de la agenda editorial a contenidos de entretenimiento, dejando de lado temas políticos, sociales o de análisis, o forzándolos a encajar dentro de la lógica del espectáculo; la amplificación de polémicas superficiales que alimentan las métricas digitales sin aportar al debate público; o la publicación constante de videos virales sin contexto, donde el medio actúa más como difusor de tendencias que como filtro y verificador de información.

Estas prácticas no solo afectan la calidad de la información, sino que contribuyen a que el periodismo pierda su capacidad de orientar, explicar y conectar a las audiencias con la realidad».

Difícil, pero cierto. Ocurre en la sociedad de la fascinación.

* ​​Periodista


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